Lo que en la década de 1960 se impulsó como una solución rentable para las industrias maderera y papelera —la plantación masiva de eucaliptos en España— hoy se ha convertido en una preocupación ambiental, sobre todo en Galicia, una de las regiones con mayor presencia de esta especie. Investigaciones recientes revelan que los bosques dominados por eucaliptos albergan menos aves y ofrecen condiciones inferiores para las especies nativas, lo que enciende las alarmas entre los especialistas.
Un estudio publicado en la revista Forest Ecology and Management analizó 240 parcelas forestales ubicadas dentro y alrededor del Parque Natural Fragas do Eume, en Galicia. Los resultados evidenciaron una menor riqueza y abundancia de aves en las plantaciones de eucalipto en comparación con los bosques autóctonos. Los investigadores comprobaron que los árboles maduros de especies nativas proporcionan recursos esenciales para las aves forestales, una función que los eucaliptos adultos no consiguen reemplazar.
La disminución de las poblaciones de aves preocupa a los expertos porque estos animales cumplen tareas fundamentales dentro de los ecosistemas, como el control de insectos, la dispersión de semillas y el mantenimiento del equilibrio biológico. Los especialistas advierten que la cobertura arbórea por sí sola no garantiza un ecosistema saludable y recuerdan que un bosque funcional depende de una compleja red de relaciones entre plantas, insectos, aves y otros organismos.
Los ecólogos describen con frecuencia estas plantaciones como 'desiertos verdes'. A simple vista parecen bosques densos, pero ofrecen escasos refugios y pocas fuentes de alimento para la fauna local. Aunque el eucalipto llegó a España en el siglo XIX, su expansión a gran escala ocurrió décadas después. En la actualidad, esta especie ocupa cerca del 30% de la superficie forestal gallega, según los datos citados por el estudio.
Uno de los factores que explican este fenómeno es la alelopatía, un proceso mediante el cual ciertas plantas liberan compuestos químicos capaces de limitar el crecimiento de otras especies. Además, la acumulación de hojas de eucalipto modifica las condiciones del suelo y repercute sobre la vegetación que se desarrolla bajo su copa. Las consecuencias también alcanzan a los cursos de agua. Diversas investigaciones citadas por el comité científico español señalan que la hojarasca del eucalipto altera las comunidades de organismos descomponedores presentes en ríos y arroyos, lo que repercute en toda la cadena alimentaria acuática.
Las aves insectívoras figuran entre las más afectadas por la sustitución de bosques autóctonos. El mito, el reyezuelo listado, el carbonero palustre, el agateador europeo y el pinzón vulgar dependen de la diversidad de insectos y de la vegetación estratificada que caracterizan a los ecosistemas nativos. La pérdida de estos hábitats, junto con la escasez de refugios y alimento que ofrecen los eucaliptales, pone en riesgo a estas especies.
El eucalipto representa alrededor del 3% de la superficie forestal española y aporta cerca del 32% de la madera que consume la industria papelera nacional. Ese peso económico frenó en 2017 la propuesta de un comité científico asesor del Ministerio para la Transición Ecológica de incluir varias especies en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras por su capacidad para transformar ecosistemas. Mientras tanto, las aves que anidan en cavidades, como el pico picapinos, el pito real europeo y el trepador azul, enfrentan dificultades porque necesitan árboles envejecidos con huecos naturales para reproducirse, pero las plantaciones comerciales de eucalipto suelen talarse cada 10 o 15 años, antes de que los troncos desarrollen esas estructuras.
Ante esta situación, Galicia estableció una moratoria para nuevas plantaciones y en octubre de 2025 las autoridades regionales anunciaron su ampliación hasta 2030. Paralelamente, los investigadores proponen conservar franjas de vegetación libre de eucaliptos dentro de las plantaciones para favorecer el regreso de insectos y aves.
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