En pleno Golfo Pérsico, la paradoja de construir megaciudades en Emiratos Árabes Unidos importando arena extranjera —en uno de los territorios más desérticos del planeta— impulsó una innovación inesperada. Los arquitectos argentinos Máximo Tettamanzi y Alyina Ahmed, ambos formados en Londres, iniciaron un proyecto que hoy fabrica ladrillos de alto valor comercial, con creciente demanda internacional. La iniciativa, surgida como una investigación académica, buscaba reducir la huella de carbono en el sector constructivo, principal emisor de CO₂ a nivel global. Actualmente, el emprendimiento evoluciona con el objetivo de transformar recursos locales en materiales sostenibles que poseen una aplicación real en la arquitectura contemporánea.
El desarrollo comenzó al enfrentar un desafío físico del material. Las partículas desérticas poseen formas redondeadas por la erosión eólica, un factor que impide la cohesión en las mezclas de hormigón tradicionales, a diferencia de los sedimentos fluviales, cuyas geometrías angulares optimizan la compactación estructural. Ante este impedimento, un equipo de científicos diseñó una combinación experimental con aditivos específicos para estabilizar el recurso local. La investigación progresó mediante numerosos ensayos respaldados por subsidios iniciales básicos y años de evaluaciones continuas, hasta lograr una consistencia que iguala la resistencia del soporte convencional. La investigación superó desafíos de cohesión en materiales y logró reducir el uso de cemento en 50%.
Ladrillos hechos a base de arena del desierto, transformando un recurso local en puro diseño. Foto: Máximo Tettamanzi
La exposición fue la excusa perfecta para materializar el proyecto en un objeto conectado con las raíces y la cultura árabe. Foto: Máximo Tettamanzi
Así lucen estos bloques ornamentales aplicados en un negocio de los Emiratos Árabes. Foto: Máximo Tettamanzi
La iniciativa académica que nació durante la crisis sanitaria global se transformó en la empresa ARDH Collective, dedicada a fabricar bloques decorativos y paneles ecológicos. El laboratorio provisional montado en Dubái permitió probar componentes autóctonos y hallar un compuesto que facilitó la manufactura de bloques funcionales, logrando reducir el uso de cemento hasta en 50% y aminorar la huella ecológica del sector construcción.
Diseñaron ladrillos de fachada que crean tramas geométricas, ideales para dejar pasar la luz justa y mantener los ambientes resguardados. Foto: Máximo Tettamanzi
El emprendimiento experimentó una veloz expansión en el diseño de Dubái, impulsado por su presencia en vitrinas internacionales como la Dubai Design Week. Su atractivo comercial captó la atención de fondos de inversión, lo que derivó en una invitación al programa 'Shark Tank Dubái'. Pese a recibir ofertas atractivas de financiamiento, los fundadores las rechazaron al considerar que la compañía estaba en una etapa prematura para ceder acciones de valor.
Actualmente, ARDH Collective consolidó su crecimiento: pasó de ingresos iniciales modestos a registrar una facturación estimada en rangos de seis a siete cifras anuales. Este resultado proviene principalmente de la comercialización de piezas geométricas para fachadas en los Emiratos Árabes Unidos, mercado regional donde planean diversificar sus productos arquitectónicos. A base de semillas de dátil, Alhaan Ahmed creó un revestimiento capaz de solidificarse en placas rígidas de alta resistencia. Foto: Máximo Tettamanzi
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