Un tribunal de Oslo condenó este 15 de junio a Marius Borg Høiby, hijo de la princesa heredera de Noruega, Mette-Marit, a cuatro años de prisión. El fallo lo declaró culpable de dos cargos de violación y otros 32 delitos, entre ellos violencia contra una expareja, amenazas y delitos relacionados con drogas. Høiby, de 29 años, había sido acusado de 40 cargos en total —desde violación hasta infracciones de tráfico— con una pena máxima posible de 16 años de cárcel. La Fiscalía había solicitado una condena de siete años y siete meses de prisión.
Una de las violaciones por las que fue hallado culpable ocurrió en 2018 en la residencia oficial de los príncipes herederos. Según la Fiscalía, los ataques sexuales sucedieron mientras las mujeres dormían o estaban inconscientes. Høiby, quien no forma parte formalmente de la Casa Real y no tiene un trabajo fijo, fue absuelto de otros dos cargos de violación. Además, fue condenado por violencia doméstica reiterada contra una expareja, infracciones de tráfico, amenazas y un delito de drogas, entre otros.
El hijo de Mette-Marit —fruto de una relación anterior a su matrimonio en 2001 con el príncipe heredero Haakon— negó las acusaciones más graves, incluidos los cargos de violación. Sus abogados habían solicitado una pena de 18 meses por los delitos de los que se declaró culpable. Høiby, detenido desde febrero, no estuvo presente en el tribunal este lunes, pero siguió la lectura del veredicto por videoconferencia. El escándalo sacude a la monarquía noruega, y el condenado ya ha anunciado que apelará la sentencia.
El juicio, desarrollado entre el 3 de febrero y el 19 de marzo, expuso la vida de excesos de Marius Borg Høiby, quien saltó a la fama a los tres años cuando su madre inició una relación con el príncipe heredero de Noruega. “Soy conocido principalmente como el hijo de mi madre, nada más. Por eso he tenido una necesidad imperiosa de reconocimiento toda mi vida”, declaró durante el proceso. “Y eso se manifestó en mucho sexo, muchas drogas y mucho alcohol”, agregó.
Según las investigaciones, las violaciones por las que fue condenado ocurrieron entre 2018 y 2024, siempre después de noches de fiesta en las que Høiby consumió alcohol y drogas. La defensa argumentó que se trataba de relaciones sexuales consentidas seguidas de actos cuando las mujeres parecían dormidas o inconscientes, y por lo tanto incapaces de dar su consentimiento. Gran parte de los argumentos legales se centraron en el grado de consciencia de las víctimas y en lo que el acusado habría podido percibir en ese momento.
La única víctima de violación presente en la sala rompió a llorar cuando el juez leyó el veredicto de culpabilidad en su caso. La abogada defensora, Ellen Holager Andenaes, declaró: “Es natural que considere apelar los graves cargos por los que fue condenado y que no admitió”. En contraste, el fiscal Sturla Henriksbo calificó la sentencia como “larga y severa” y “acorde con la gravedad de los delitos por los que fue condenado”. “Creo que este veredicto es una victoria para nuestro sistema de justicia, que demuestra que nadie está por encima de la ley, independientemente de quién sea o con quién esté emparentado”, afirmó a la agencia de noticias AFP.
Hoiby criticó la presión mediática que, según dijo, lo retrató como "un monstruo" y lo convirtió en "el blanco del odio de toda Noruega". El escándalo estalló el 4 de agosto de 2024, cuando la Policía lo arrestó por agredir a su entonces novia en su apartamento de Oslo la noche anterior. Los medios publicaron fotos de un cuchillo clavado en la pared y una lámpara de araña destrozada en el suelo. Durante el juicio, reconoció que los celos a veces le hacían perder el control.
Una de sus exparejas, la influencer Nora Haukland, denunció abusos físicos y psicológicos, calificados por la Fiscalía como un "reinado de terror". Las mujeres no presentaron cargos de violación contra Høiby. Sin embargo, la Policía, que investigaba el incidente de agosto de 2024, descubrió vídeos en sus teléfonos y ordenadores que, según afirmaron, constituían violaciones, y contactó con las mujeres, quienes desconocían los hechos que se mostraban.
El caso ha avergonzado a la monarquía noruega y ha contribuido a una caída en su popularidad, aunque sigue gozando de amplio respaldo. Esto ocurre tras revelaciones previas sobre la amistad de Mette-Marit con el fallecido pederasta estadounidense, Jeffrey Epstein. La princesa heredera, de 52 años, padece una enfermedad pulmonar incurable que le causa dificultades respiratorias y su estado de salud empeoró recientemente; los médicos la han incluido en la lista de espera para un trasplante de pulmón.
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