La Misión de Observación Electoral de la Unión Europea debería saber que Juntos por el Perú, que lanzó la candidatura de Roberto Sánchez, jamás fue una agrupación política con base de democrática como para que los medios independientes y con una línea editorial clara basada en la memoria, estén llamados a exponer sus “propuestas” incendiarias e ilegales que amenazaban por llevarnos por la ruta de la tiranía, la falta de libertades más elementales y el descalabro económico.

Estos señores parecen no conocer muy bien la realidad peruana. Para comenzar, el candidato Sánchez, al que lamentan que medios como Correo hayan criticado a lo largo de la campaña de la segunda vuelta, es socio de un criminal como Antauro Humala, un sujeto que tenía un partido que fue impedido de participar en elecciones por una decisión en última instancia del Poder Judicial, por considerar que sus propuestas estaban reñidas con la legalidad, el derecho a la libertad y la vida.

De otro lado, su protegido Sánchez tiene como aliado a gente ligada al Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (Movadef), grupo de fachada de la brutal banda terrorista Sendero Luminoso, que también fue impedido por la ley de inscribirse como partido político y participar en comicios porque basaba su “ideario” en el llamado “pensamiento Gonzalo”, que no es otra cosa que la justificación “ideológica” para volar a este país y a sus cuidadanos en mil pedazos en nombre de una “revolución” maoísta.

¿La Unión Europea quería que a esta gente los medios independientes y con memoria le den “cobertura democrática” cuando trataron de llegar al poder? ¿Pedirían a los medios alemanes que cubran con guantes de seda y “equidad” a algún partido político que reivindique los crímenes de los nazis? Estamos hablando de Sánchez, un socio de Humala y del Movadef, ambos apestados e impedidos de ser parte del juego democrático por las leyes de este país, no porque a los periodistas se nos ocurrió en el fragor de la campaña.

Enhorabuena no acepté tener un encuentro con los observadores electorales de la Unión Europea cuando me solicitaron una reunión de trabajo en un hotel de San Isidro antes de la segunda vuelta. Iba a ser una pérdida de tiempo. Sabía de sus sesgos, aunque no imaginé que llegaran a los extremos de cuestionar el trabajo de los medios independientes frente a un candidato que venía con un asesino de policías y terroristas reciclados, y con una propuesta que era una amenaza para la ley, la democracia, los derechos humanos y la libertad.

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