La izquierda peruana que se considera a sí misma dueña de la pureza moral y adornada con laureles autoimpuestos enfrenta con desesperación el inminente triunfo electoral de Keiko Fujimori, su enemiga irreconciliable. Según Alejandro Martorell, los derrotados, en lugar de someterse a la decisión del pueblo peruano, han optado por la narrativa del fraude. El partido Juntos por el Perú y sus aliados ideológicos muestran evidentes signos de impaciencia, dominados por la ira desencadenada y la impotencia, como si hirvieran en el caldero de la desesperación.

Martorell sugiere que el pintor Gustave Courbet —autor de El desesperado— y el médico ruso Iván Pávlov —famoso por el experimento de los perros— podrían estudiar las facciones y comportamientos de esta izquierda que ha perdido la compostura y se encuentra exhalando azufre. Se trata de una izquierda antidemocrática que no piensa acatar los dictámenes de los organismos electorales constitucionalmente autónomos, los cuales deben reflejar fielmente la voluntad del cuerpo de electores.

Los derrotados ya no solo repiten hasta el cansancio el mantra antifujimorista; ahora han incorporado la palabra “fraude” a su narrativa. Para ellos, el virus corruptor fujimorista ha sido inoculado a todas las instituciones estatales, por lo que todas, sin excepción, responden a los intereses de Fuerza Popular. “Juntos por el Perú es un auténtico volcán en erupción”, escribe Martorell. Esta izquierda incendiaria se niega a reconocer su derrota y prefiere la estrategia del fraude para aplacar la pérdida electoral. Roberto Sánchez, que saboreó anticipadamente el dulce triunfo en el balcón, hoy tritura la amarga derrota.

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