Con la ‘Espada del augurio’ de ‘Los Thundercats’ en mano, este Búho analiza lo que ocurre en el país tras la segunda vuelta electoral y presenta una Resaca electoral bien picante, como exigen sus lectores. El triunfo de Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, es prácticamente un hecho consumado. Las pataletas de Roberto Sánchez y su entorno son solo manotazos de ahogados: las miles de solicitudes de anulación de actas que promueven fueron rechazadas por las autoridades electorales y los plazos legales para reclamos ya vencieron. Realizar colectas para financiarlas solo azuza los ánimos de seguidores que creen en un fraude, pero la gente no debería caer en ese juego. La marcha del sábado fue un fracaso porque la mayoría de peruanos solo desea trabajar en paz.

Más allá de los ánimos caldeados en parte del electorado, todos deberíamos felicitarnos de que no haya sido elegida la caótica alternativa de Juntos por el Perú. Sus propuestas trasnochadas del siglo pasado, fracasadas hace décadas en otros países, solo nos podían conducir al desastre. Ese gobierno iba a ser un sancochado, con incesantes guerras internas por cuotas de poder, pues ciertos personajes no paraban de subirse al coche a última hora buscando beneficiarse. El país se salvó del desastre.

“Ya basta de esa narrativa falsa que busca mostrar a Pedro Castillo como el pobrecito profesor rondero y provinciano víctima del racismo que está preso de manera injusta”, se lee en el texto. El chotano, según la nota, resultó un “tremendo corrupto que hacía arreglos bajo la mesa en la casa de Sarratea, aún antes de ser proclamado presidente”. Cobraba fuertes sumas en dólares a altos oficiales de la Policía y de las Fuerzas Armadas para ascenderlos, y elegía “ministros burros, incapaces y rateros, que hasta le pagaban para que los deje en sus cargos y puedan seguir levantándose al país en peso”. El prófugo Juan Silva, titular de Transportes y Comunicaciones, decía que estaba capacitado para el cargo porque tenía brevete. El presidente José Balcázar debería olvidar sus deseos de liberarlo.

“Esta película ya la vimos en el 2021, así que es fácil imaginar el final. No podíamos permitirnos perder otros cinco años si queremos crecer económicamente y derrotar a la pobreza”, añade el artículo. Si se confirma su victoria en las urnas, Keiko no tendrá ‘luna de miel’, como señaló ayer el periodista Carlos Paredes en entrevista con Trome. El país está partido en dos y le exigirán resultados de inmediato.

Debería liderar un gobierno tecnocrático, con los mejores en los ministerios, como Luis Carranza en Economía para impulsar el desarrollo. Debería encargar de inmediato a Carlos Neuhaus que le presente un proyecto para hacer frente a lo que se nos viene por el Fenómeno El Niño.

Apagar el televisor es lo único que queda ante una vergüenza así. Entre los grandes perdedores de esta contienda están Alfonso López Chau, Antauro Humala, George Forsyth, Manuel Rodríguez, Virgilio Acuña y Carlos Mesías. La mayoría se pegó a Sánchez en segunda vuelta apostando a que ganaba, pero la jugada les salió mal. Su apetito de poder es obvio: le dieron su apoyo a un proyecto impresentable que, como si fuera poco, venía de la mano con personajes de Sendero Luminoso que hoy ya tienen aseguradas sus curules en las cámaras de diputados y senadores. ¿Qué clase de peruanos pueden avalar algo así? Encima, sabían que Sánchez había firmado un acuerdo para sacar de las cárceles a ‘luchadores sociales’, es decir, a condenados y procesados por terrorismo.

Keiko Fujimori, por su parte, también debe declararle la guerra a la delincuencia. El país no puede seguir como hasta ahora, que matan a diario a peruanos trabajadores. Deberá hilar fino y tender puentes para lograr consensos. Otro aspecto clave es la corrupción: ella no puede repetir los casos que hubo en el gobierno de su padre. Keiko no debe olvidar que mucha gente le dio su voto no por ella, sino para impedir la llegada al poder de un peligro que consideraba mayor.

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