Hace 1.000 millones de años, Marte no era el mundo seco, frío y cubierto de polvo que hoy conocemos. El planeta vecino tuvo ríos, lagos e incluso posibles océanos que modelaron su superficie, además de una atmósfera mucho más densa. La gran incógnita que persiguió a la ciencia fue qué ocurrió con toda esa agua y aquella atmósfera. Ahora, investigaciones basadas en datos de misiones de la NASA y en estudios de minerales marcianos apuntan a que ese material no desapareció por completo, sino que podría seguir atrapado bajo la superficie o almacenado en la corteza del planeta.
Las primeras imágenes enviadas por la misión Mariner 4 en 1964 cambiaron la visión del planeta: revelaron un mundo frío y sin signos evidentes de vida. Sin embargo, con el tiempo, nuevas observaciones matizaron esa idea. Orbitadores y rovers posteriores identificaron cañones, deltas y formaciones sedimentarias que solo pueden originarse con agua líquida en movimiento. En 1997, la sonda Pathfinder aterrizó en un terreno cubierto de rocas que parecían transportadas por inundaciones antiguas. Tiempo después, los vehículos Spirit y Opportunity confirmaron la presencia de minerales y rocas sedimentarias formadas en ambientes acuáticos.
Estos hallazgos, según un artículo publicado por la BBC, consolidaron la idea de que Marte no solo tuvo agua, sino un entorno estable capaz de sostenerla durante largos periodos. La historia del planeta rojo siempre fue un enigma para la ciencia, pero las evidencias confirman que su pasado húmedo fue real, antes de transformarse en el desierto helado que observamos hoy.
El destino de la atmósfera marciana
Marte partió de una atmósfera inicial similar a la de la Tierra y Venus, según comparaciones entre los tres planetas. Sin embargo, hoy conserva apenas una fracción de aquel volumen original. El análisis de su atmósfera actual revela una composición alterada: la abundancia de isótopos pesados indica que el planeta perdió gran parte de sus gases ligeros con el paso del tiempo.
Una de las hipótesis más aceptadas señala al viento solar como el principal responsable. Marte carece de un campo magnético global fuerte y de actividad tectónica significativa, dos factores que en la Tierra ayudan a proteger y reciclar la atmósfera. Sin esa defensa, las partículas solares habrían erosionado progresivamente los gases del planeta rojo.
No obstante, los modelos climáticos no explican por completo la magnitud de la pérdida atmosférica. Investigadores han propuesto mecanismos adicionales, entre ellos la captura de carbono en minerales presentes en la corteza. Estudios recientes del MIT sugieren que arcillas como las smectitas podrían haber atrapado parte del dióxido de carbono original, en cantidades que alcanzarían fracciones relevantes de la atmósfera primitiva.
Agua enterrada bajo la superficie del planeta rojo
En cuanto al agua desaparecida, un equipo de geofísicos analizó en agosto de 2024 datos sísmicos del módulo InSight de la NASA, que registró vibraciones internas del planeta entre 2018 y 2022. El estudio identificó señales compatibles con la presencia de agua líquida en el subsuelo, atrapada en grietas y poros rocosos. Este hallazgo apunta a que parte del agua que alguna vez fluyó en la superficie marciana podría estar enterrada bajo la corteza del planeta.
El agua y la atmósfera que Marte perdió podrían no haberse esfumado, sino que estarían atrapadas en su corteza. Un equipo liderado por Joshua Murray plantea que las arcillas marcianas, formadas cuando el olivino reaccionó con agua y generó óxidos de hierro, funcionaron como trampas naturales de dióxido de carbono. Según sus cálculos, una capa global de arcillas de unos 1.100 metros de espesor podría retener hasta el 80% de la atmósfera inicial del planeta rojo.
Este reservorio de agua, por su parte, se encontraría a entre 11,5 y 20 kilómetros bajo la superficie. Los resultados indican que el volumen sería suficiente para cubrir todo Marte con una capa de entre uno y dos kilómetros de profundidad si se liberara. Michael Manga, de la Universidad de California en Berkeley, señaló que el hallazgo "abre una ventana para entender el clima antiguo del planeta y su posible habitabilidad".
El planeta rojo presenta abundantes depósitos de olivino, un mineral que al reaccionar con agua produce los óxidos de hierro responsables de su característico color y genera nuevos compuestos como las arcillas. Estas hipótesis sugieren que tanto el agua como los componentes del antiguo aire marciano no desaparecieron del todo, sino que permanecen ocultos en estructuras geológicas profundas o en minerales extendidos por la corteza.
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