Cuando dos encuestadoras lo daban como ganador por estrecho margen, aunque en todo momento se especificaba que estábamos ante un empate técnico, para el izquierdista Roberto Sánchez todo iba bien con el proceso, al extremo que dio un balconazo creyéndose el próximo jefe de Estado. Sin embargo, ahora que los conteos oficiales indican lo contrario y lo ponen como perdedor frente a Keiko Fujimori, el imitador de Pedro Castillo quiere patear el tablero luego de denunciar “maniobras para torcer la voluntad popular”.

Lejos de esperar con calma los resultados oficiales de un proceso en el que no existe el menor indicio de fraude, desde Juntos por el Perú han optado por convocar a movilizaciones, y realizar pedidos de nulidades y observaciones que no tienen sustento, todo como parte de eso que llaman “la defensa del voto del pueblo”. Deberían saber que en una democracia, el mejor reflejo de la voluntad popular queda plasmado en las cifras oficiales que dejan las elecciones limpias.

Uno de los primeros en tomar el nombre del “pueblo” y salir en supuesta defensa de su voto ha sido Lucio Ccallo Ccallata, radical directivo de la Federación Nacional de Trabajadores de la Educación del Perú (Fenatep), sí un profesor que en teoría se dedica a formar a los futuros ciudadanos del país, quien ha amenazado con bloquear el puente internacional de Ilave, en Puno. También ha dicho que se movilizarán hacia la capital en rechazo a los resultados que va mostrando el conteo oficial.

Ayer desde Juntos por el Perú han llegado al extremo de pedir al partido rival que se unan para exigir a las autoridades electorales el reconteo total de los votos, algo que ni siquiera la ley contempla. Pero lo cuestionable no es que denuncien hechos que no existen y pidan absurdos, sino que el rechazo a esto que no tiene ni pies ni cabeza, pero que sin duda genera expectativas entre sus simpatizantes, más tarde puede ser el “combustible” para movilizaciones violentas como las que nadie quiere.

En el Perú se debe rechazar a todo aquel que crea que se puede imponer con la turba, la toma de carreteras, la quema del aeropuertos, la pedrada a la policía o el palazos a la autoridad, y más aún si aspira a ser presidente del país. Hace cinco años ya se cometió el inmenso error de poner en Palacio de Gobierno a un agitador profesional que terminó tal como se esperaba. Hay muchos problemas que se deben atender, como para ponerlos en manos de irresponsables y violentistas.

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