A pesar de los esfuerzos desde 2015, la selección masculina no ha clasificado a un Mundial desde 2002 y ocupa el puesto 91 en el ranking FIFA, lejos de los líderes asiáticos.

La selección masculina no ha vuelto a clasificar a una Copa del Mundo. Foto: Composición LR/AFP.

La administración de Xi Jinping —aficionado declarado al fútbol— impulsó planes que buscaban expandir este deporte desde la base hasta la élite. El objetivo de involucrar a millones y construir decenas de miles de canchas y academias se articuló en medidas coordinadas con la Asociación China de Fútbol (CFA) y organismos estatales, orientadas a masificar esta disciplina y profesionalizar la liga nacional.

Desde 2015, el gobierno chino lanzó una política oficial para transformar al país en una “superpotencia del fútbol” antes de 2050, con metas que incluyen clasificar a la selección masculina a un Mundial, organizarlo y ganarlo. Sin embargo, más de una década después, esos objetivos están lejos de concretarse, y la selección continúa con un desempeño irregular y un ranking FIFA todavía modesto.

Los resultados han sido dispares. La selección masculina no ha vuelto a clasificar a una Copa del Mundo desde su única aparición en 2002 y actualmente se ubica alrededor del puesto 91 en el ranking mundial de la FIFA, lejos de los primeros lugares de Asia.

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Puntos del plan de China

  • Fase inicial: masificación del fútbol.
  • Fase de consolidación: profesionalización regional.
  • Fase de élite: potencia mundial del fútbol.

Errores dentro del plan chino

La Superliga China (CSL) vivió un auge mediático a mediados de la década de 2010, con clubes que gastaban grandes sumas en jugadores extranjeros, pero los problemas económicos y cambios en las políticas, incluidos controles salariales y la política estricta de COVID-19, frenaron ese crecimiento.

Muchos clubes importantes enfrentaron crisis financieras e incluso desapariciones, y la liga ha tenido que lidiar con sanciones a equipos por corrupción y amaño de partidos.

Además, la reforma del fútbol en China se vio afectada por debilidades en la formación de base y por una cultura deportiva que históricamente privilegió disciplinas más orientadas al rendimiento individual, como el tenis de mesa y los deportes olímpicos.

La falta de una estructura sólida de academias juveniles y de un sistema que genere talentos de forma sostenida dificulta el salto cualitativo que el plan de 2050 pretendía lograr.

Reformas deportivas

A pesar de los obstáculos, las autoridades siguen impulsando iniciativas como nuevas reglas para regular el fútbol base y combatir la mala praxis, además de proyectos orientados a reforzar la gestión y la disciplina dentro de la CFA.

Sin embargo, la gran meta de Xi de convertir a China en una “potencia futbolística de primer nivel” sigue siendo un desafío a largo plazo, condicionado por reformas profundas en la estructura del deporte, la cultura futbolística y la competitividad internacional del país.

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