Juan Pablo Meneses. Imagen: Fábrica de Periodismo.

En marzo último, el reconocido escritor y cronista chileno Juan Pablo Meneses publicó Postfutbol vía Planeta. Tal y como se indica en su título, se trata de una publicación sobre la actualidad del deporte que más adeptos tiene en el mundo y cuya fiesta mayor se celebra desde el jueves 11 de junio.

Meneses es, en esencia, un cronista que ha escrito libros importantes y algunos verdaderamente incómodos. Es autor de más de una decena de libros de no ficción, la mayoría de ellos reconocidos por la crítica, valorados por los lectores y saludados por otros cronistas igual de prestigiosos que él. De esa obra se desprende una trilogía cuyos títulos abordan uno de los tópicos que, hasta la fecha, vienen definiendo el mundo de hoy: el consumo. Esta trilogía, que se puede leer de manera independiente, está conformada por La vida de una vaca (2008), Niños futbolistas (2013) y Un dios portátil (2020). A esta trilogía, nuestro autor la ha llamado acertadamente periodismo cash.

De los tres libros consignados, nos ocuparemos en esta ocasión del primero: La vida de una vaca. La razón es muy sencilla: su protagonista es un animal. Meneses, antes de escribir el libro, compró una ternera que tuvo que criar para, mediante esta experiencia, poder ingresar al mundo del consumo de carne. Lo hizo mientras vivía en Argentina y el resultado no pudo ser mejor, puesto que no solo nos habla de cómo se mueve esta industria, sino que también funciona como una metáfora de lo que es el consumo en el mundo de hoy.

Aparte del fútbol, el consumo de carne define a Argentina. Meneses quiso explicar este apego mediante la historia de una sola vaca. Con ella, recorre la radiografía de un país y aborda a una serie de protagonistas marcados por la pluralidad de opiniones. En otras palabras, no hay una sentencia absoluta, sino que esta se dispara en la diversidad y halla en la tensión de impresiones la dimensión de lo que es la carne para los argentinos. De esos puntos de vista, destaca el del ganadero Juan Jorajuría, en quien recaen las dosis melodramáticas de la historia, sin perder en ningún instante su punto central: la vaca, a la que el escritor llama La Negra.

La vida de una vaca nació de su blog Oficina Portátil. Cuando Meneses dio a conocer a sus lectores su intención de comprarse una vaca, se generó un gran debate. A diferencia de los testimonios que recogió exclusivamente para su libro, las opiniones de los lectores de su blog venían con el sello de agua de la radicalidad. Tenemos, en este orden de cosas, a quienes animaban a Meneses a seguir su trabajo y a quienes cuestionaban el hecho de que hubiera comprado una vaca. Es importante mencionarlo, ya que una selección de esas opiniones está presente en este proyecto, lo que lo convierte en uno interactivo. Novedoso para el año en que se publicó.

Muchas veces se ha asumido que la mejor manera de conocer una sociedad es por medio de sus traumas visibles o de sus personajes más conocidos. Creo que se abusa muchísimo de figuras como presidentes, dictadores, narcotraficantes, sicarios y deportistas. Los nuevos cronistas deberían echar un ojo a esos grandes detalles que transitan por el imaginario y que no son muy tomados en cuenta porque se piensa que, por ser habituales, no resultan atractivos narrativamente.

Sobre la publicación, tuve la oportunidad de conversar con el autor hace varios años. De ese encuentro salió una larga entrevista, de la que comparto un fragmento que da cuenta de su vigencia al desmenuzar un país por medio de una historia en apariencia sencilla.

—En cuanto a los ganaderos, prácticamente estos tienen el poder de bajarse hasta a un presidente.

— Eso es cierto. En Argentina, la carne es un derecho. Los argentinos sienten que tienen que comer carne. Ellos piensan que tienen la mejor carne del mundo y son los que más la consumen. Es por eso que los ganaderos tienen un inmenso poder. Pueden faltar muchas cosas, menos la carne. La vaca lo simboliza todo. El campo, el ganado. Los ganaderos son vistos de manera diferente.

—Y no pocos te pedían que mates a La Negra.

— Claro, muchos me decían que no la mate mientras comían carne.

—Una irrefutable muestra de hipocresía.

— No tiene que ver con la hipocresía. Lo que les pasa a todos, a ti, a mí, es que somos seres contradictorios. Se suele decir que en la vida hay que tener una práctica coherente, pero la realidad nos muestra que no somos así. Por ejemplo: a mí no me gusta que los animales sufran, pero me encanta la carne. Ahora, sí creo que hay componentes que se pueden mejorar para que seamos menos hipócritas. Creo que, en ese sentido, uno de los grandes culpables en cuanto a la hipocresía son los vegetarianos.

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