Desde muy jóvenes, la mayoría de los hombres se esfuerza por demostrar lo fuertes, grandes, valientes y duros que son, pero al pasar los 50 años y ya casados y con una familia lograda, se dan cuenta de que las cosas que antes los llenaban ya no son importantes y que sus prioridades ahora son otras.
Con la edad y más conscientes de sus vulnerabilidades, ellos tienden a buscar oportunidades para la cercanía en lugar de ser diferentes al resto.
Buscan paz mental, mayor estabilidad emocional, compañía, una pareja con quien pasar el tiempo, salir de viaje y compartir. No quieren complicarse la vida, solo esperan disfrutarla de una manera más sencilla y práctica.
Se preocupan por su salud y se cuidan más. Nace esa necesidad de sentirse apreciados, reconocidos por sus esfuerzos de haber sacado a la familia adelante, y anhelan compartir nuevamente con sus hijos, que suelen ser independientes.
Es una cuenta pendiente que sienten que deben saldar después de tantos años trabajando y perdiéndose etapas de su crecimiento.

Con la pareja, más allá de lo físico, pondera la complicidad, las conversaciones sinceras y sentirse escuchados.
En esta etapa es común un replanteamiento de metas. Muchos hombres cambian el enfoque de ‘lo que quiero lograr’ por ‘el legado que quiero dejar’.
SIN DRAMAS
El hombre que transita hacia los 60 no quiere dramas ni conflictos. No le interesa competir ni ser quien no es, y mucho menos vivir de apariencias. Si la relación está rota, hay menos miedo de tomar la decisión de separarse.
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