El 7 de junio, Perú celebró la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Según los resultados más recientes publicados el día 8, la candidata de derecha Keiko Fujimori probablemente derrotará al candidato de izquierda Roberto Sánchez por un margen extremadamente estrecho. Debido a lo reñida que está la contienda, el resultado solo podrá definirse tras el recuento final de todos los votos, incluidos los emitidos en el extranjero. Esta es también la cuarta vez que la candidata de derecha Keiko Fujimori se presenta a la presidencia de Perú. En sus tres campañas anteriores fue derrotada por márgenes muy reducidos. Si finalmente resulta vencedora, ello significará también que, en una América Latina marcada por una intensa confrontación entre izquierda y derecha, otro país pasará del “rojo” al “azul” en medio del desplazamiento hacia la derecha del péndulo político. En las elecciones para ambas cámaras del Congreso peruano celebradas hace dos meses, el partido liderado por Keiko Fujimori, Fuerza Popular, obtuvo el mayor número de votos y escaños, aunque sin alcanzar una posición monopolística. Los escaños de ambas cámaras del Congreso están repartidos entre seis partidos políticos. En cuanto a la distribución de los escaños, la izquierda y la derecha están casi equilibradas en la Cámara de Diputados, mientras que la derecha tiene una ligera ventaja en el Senado, donde las fuerzas centristas desempeñan un papel importante. El Congreso peruano posee una considerable capacidad de control sobre el presidente y puede propiciar su salida del cargo mediante mecanismos como la censura y la destitución. Esto significa que la situación política peruana en los próximos años seguirá siendo compleja, con una continua competencia entre fuerzas de distintas posiciones: izquierda y derecha, gobierno y Congreso, élites y sectores populares. Al igual que otros países latinoamericanos, Perú ha estado marcado durante mucho tiempo por la confrontación entre la izquierda y la derecha, sin que ninguna de las dos partes haya logrado una ventaja decisiva. Durante el siglo XX, Perú experimentó alternancias entre el autoritarismo militar y la política democrática, así como una lucha constante entre las élites oligárquicas y las fuerzas populistas. Especialmente en la segunda mitad del siglo XX, el ascenso de la organización comunista de extrema izquierda Sendero Luminoso y su serie de acciones militares y terroristas, junto con la llegada al poder de la figura derechista de línea dura Alberto Fujimori, peruano de ascendencia japonesa (padre de Keiko Fujimori), quien dirigió al ejército y a la policía para reprimir a las fuerzas opositoras mediante asesinatos, encarcelamientos y otros métodos, al tiempo que implantaba un régimen autoritario neoliberal, no solo impactó profundamente a la sociedad peruana de la época, sino que también dejó diversos legados políticos y produjo efectos de largo alcance. La izquierda radical, violenta y antisistema representada por Sendero Luminoso fue reprimida y desapareció gradualmente. Mientras tanto, la centroizquierda, que defendía reformas más moderadas, la lucha parlamentaria y la participación dentro del sistema establecido, fue ganando protagonismo. Durante la era del gobierno autoritario de Fujimori en la década de 1990, la economía peruana creció rápidamente, el país salió de la pobreza y mejoraron las condiciones de vida. Sin embargo, la desigualdad social y económica siguió siendo grave, el capital extranjero se involucró profundamente en la economía y la política peruanas, y tanto los burócratas como las élites, incluido el propio Fujimori, estuvieron marcados por la corrupción. La izquierda aprovechó precisamente este sentimiento popular y, aliándose con otros defensores de la democracia, contribuyó a derrocar al régimen de Fujimori. Defendiendo la justicia social, la lucha contra la corrupción y la oposición a la injerencia extranjera, logró ganarse el apoyo de la población y obtuvo repetidas victorias electorales, llegando varias veces al poder. Sin embargo, durante los períodos de gobierno de la izquierda, aunque se reflexionó sobre problemas como la desigualdad y la corrupción y se intentó combatirlos, estos continuaron siendo graves. Entre los políticos de izquierda también hubo numerosos casos de corrupción. Aunque los gobiernos de izquierda se opusieron en sus discursos a la hegemonía estadounidense y a la penetración del capital extranjero, en la práctica les resultó difícil prescindir de la inversión extranjera y tampoco lograron cambiar de manera fundamental la excesiva dependencia peruana del comercio exterior. Aunque los gobiernos de izquierda en Perú lograron ciertos avances en materia de bienestar social, sus políticas redistributivas fueron relativamente limitadas. Al mismo tiempo que recibían algunos elogios, los elevados impuestos generaban el descontento de las élites de clase media y de los sectores empresariales e industriales. La opinión pública peruana continuó profundamente dividida y polarizada. Durante los últimos veinte años, la izquierda y la derecha en Perú han mantenido fuerzas prácticamente equilibradas. La izquierda concede importancia a la igualdad, la justicia distributiva y la protección del medio ambiente. La mayoría de las fuerzas de izquierda también prestan atención a los derechos de las mujeres, las personas LGBT, los pueblos indígenas y otros grupos vulnerables, obteniendo el apoyo mayoritario entre los pobres urbanos, los campesinos y los intelectuales. La derecha, por el contrario, enfatiza la eficiencia, el crecimiento económico, la explotación y utilización de los recursos, así como la ley y el orden. Tiene una posición ventajosa entre el mundo empresarial, las élites profesionales y los conservadores religiosos. Una de las principales figuras representativas de esta corriente es precisamente Keiko Fujimori, hija de Alberto Fujimori. Durante la era de Fujimori, Keiko Fujimori participó frecuentemente en actividades políticas y diplomáticas en calidad de “Primera Dama”, convirtiéndose en heredera del legado político y las aspiraciones de su padre. Fue elegida congresista peruana en 2006 y se presentó a la presidencia en cuatro ocasiones: 2011, 2016, 2021 y 2025. En sus tres primeras candidaturas presidenciales fue derrotada por márgenes muy estrechos. En dos ocasiones perdió frente a candidatos de izquierda y en una frente a un candidato de centro-derecha. Aunque hasta ahora no había logrado ser elegida presidenta, Keiko Fujimori posee una influencia única en la política peruana y, como congresista, ha participado activamente en una amplia variedad de asuntos políticos. América Latina es una de las regiones del mundo donde la confrontación entre izquierda y derecha es más intensa, alternándose ambas corrientes en el poder. En los últimos años, alrededor de 2022 se produjo una ola de progresismo de izquierda, mientras que entre 2025 y 2026 varios países volvieron a quedar bajo gobiernos conservadores de derecha. No solo existen influencias mutuas entre las tendencias políticas de los países latinoamericanos, sino que Estados Unidos también interviene profundamente en estos procesos. Actualmente, Estados Unidos está completamente gobernado por el Partido Republicano. El presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio apoyan firmemente a la derecha latinoamericana, mientras que el gobierno y el Congreso estadounidenses aplican políticas desfavorables para la izquierda latinoamericana y favorables para la derecha de la región. Como uno de los países y economías más importantes de América Latina, Perú ha atraído una gran atención tanto de los países latinoamericanos como de Estados Unidos durante estas elecciones. En comparación con otros países latinoamericanos, Perú no solo presenta una fuerte polarización ideológica entre izquierda y derecha, sino también luchas de poder relativamente más intensas. Las brutales pugnas políticas de la era de los gobiernos militares y del período autoritario de Fujimori, así como los enfrentamientos entre oficialismo y oposición, han continuado incluso bajo el sistema democrático. De los once presidentes peruanos desde 2001, cuatro han sido condenados y encarcelados; otro se suicidó al iniciarse una investigación judicial en su contra; y otro más se vio envuelto en un escándalo de corrupción que dio lugar a una investigación judicial y a su arresto domiciliario. El Congreso peruano también ha promovido con frecuencia mociones de censura y procesos de destitución contra presidentes, con una tasa de éxito relativamente elevada. Esto ha provocado que muchos presidentes peruanos no logren completar sus mandatos y sean reemplazados con frecuencia. La relación entre el presidente y el Congreso fue diseñada originalmente para establecer controles mutuos y evitar la dictadura, pero también se ha convertido en una herramienta de lucha por el poder, y un exceso de controles ha contribuido a la inestabilidad política. Todo ello refleja la intensidad de las luchas políticas en Perú. Estas luchas incluyen no solo la confrontación ideológica entre izquierda y derecha, sino también las rivalidades entre partidos y la competencia individual por el poder y los intereses. Aunque esto es también una característica inevitable de la política democrática y sigue siendo preferible a la dictadura de una sola persona o un solo partido, sus efectos secundarios son igualmente graves. La prolongada inestabilidad política peruana ha hecho que el desarrollo económico y social avance de manera irregular y accidentada. Durante el siglo pasado, Perú sufrió una dura represión política, guerras internas, terrorismo y corrupción, lo que causó profundos daños a la población y dejó numerosos problemas sin resolver. La marcada polarización entre izquierda y derecha que caracteriza al Perú actual, las intensas luchas políticas, las elecciones presidenciales decididas frecuentemente por márgenes como 50,1 % frente a 49,9 %, así como los numerosos…