PolíticaRosa Bartra: “El modelo de El Salvador era inviable a primera vista”

Ayer entusiasta parlamentaria de Fuerza Popular y hoy inesperada crítica del mandato de Keiko Fujimori, Rosa Bartra da su visión sobre los 100 primeros días del gobierno, la comentada gira palaciega por El Salvador y lo ocurrido en el Congreso con la discusión sobre las facultades legislativas.

Rosa Bartra dice que el Senado no ha respetado su reglamento.Foto Félix ContrerasPor Emilio CamachoDomingo 08 de Noviembre del 2026 · 03:06hgoogle iconLa República en Google

¿Vio el balance de la señora Fujimori por los 100 días de su gobierno?

 

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Claro.

 

¿Qué piensa del balance que hizo?

 

Que responde a la necesidad de comunicar resultados, que era una exigencia bastante fuerte.

 

¿Y usted piensa que es suficiente lo que ha expuesto?

 

Pienso que la expectativa que teníamos muchísimos con respecto a un gobierno de Fuerza popular y de Keiko Fujimori era tan alta y ha encontrado desafíos tan enormes que difícilmente van a conjugarse si es que no hay una planificación muy estricta para poder alcanzar los objetivos que ella misma propuso.

 

Claro, si uno compara lo que dijo con los ofrecimientos del plan de gobierno, en realidad el gobierno está en deuda. Solo por nombrar el tema de seguridad, ella había ofrecido, para los 100 primeros días, 1.000 patrulleros inteligentes, 10.000 cámaras interconectadas, la modernización de más o menos 200 comisarías. Nada de eso se dijo en el mensaje de anoche.

 

Se habló del comando unificado, se habló de armas incautadas, de organizaciones criminales desarticuladas, no lo que ella ofreció, y es que ahí tú empiezas a darte cuenta de cómo se privilegia lo urgente por lo importante, y de lo indispensable que es establecer con claridad las metas.

 

La señora Fujimori ha elevado a logro el haber conocido el sistema penitenciario de El Salvador. A usted ese viaje le hacía ruido. En RPP dijo: “La eficiencia de la política exterior no se mide en millas”. Como diciendo que la política exterior no es mejor porque un presidente sea viajero. Y luego agregó: “Tampoco se mide en fotos con los jefes del Estado”. ¿Sigue pensando así?

 

Sí, claro, yo respondo y explico mi crítica o mi halago. En este caso apenas se conoció del viaje, yo lo comenté y señalé que la preocupación estaba en que no estaba claro exactamente qué es lo que se buscaba con ese viaje y tampoco me parecía la oportunidad la más conveniente. Es un viaje que se hace cuando escribes tu plan de gobierno o al inicio del gobierno. Entonces, no me parecía la oportunidad. No me parece que El Salvador tenga un sistema constitucional que se pueda replicar en el Perú, con las medidas que se adaptaron allá. La tipología de su crimen es diferente y todo El Salvador en general guarda enormes distancias con el Perú. Entonces, si no hay una meta clara que vaya a tener un correlato con su aplicación directa para resolver los problemas en el Perú, era un viaje al que no le encontraba una utilidad práctica.

 

¿Y ahora le encuentra una utilidad práctica? Luego de las escenas que hemos visto en El Salvador.

 

He confirmado que no estaba descaminada mi crítica.

 

Es muy elegante para hacer críticas.

 

En realidad, no creo que sea elegancia, me pego a la realidad, a las cifras, los números, los objetivos, las metas, los problemas son absolutamente mensurables.

 

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Quiero referirme a otro tema del que ya ha hablado. El sistema penitenciario de El Salvador está militarizado y usted ha expresado sus dudas sobre eso. Cuando se lo han preguntado, usted ha dicho que Pataz también está militarizada y allí los resultados son muy pocos. Con eso está claro que el modelo de El Salvador no es aplicable al Perú.

 

No, no es aplicable. Nuevamente, vamos a las cifras. ¿Cuántos internos hay en El Salvador versus cuántos internos hay en el Perú, con respecto a la población de cada país? ¿Cuántos militares tienes dentro de las prisiones en El Salvador? ¿Cuántos necesitarías para replicar el modelo en el Perú? Es inviable, inviable a la primera vista. Ahí habría que preguntarse quién le sugirió el viaje y por qué.

 

¿Usted no tiene una sospecha?

 

No, yo no sospecho. Yo suelo analizar aquello que es concreto exactamente.

 

¿Qué piensa en general de lo que llaman el modelo Bukele?

 

Yo soy profundamente demócrata, tengo el espíritu y la convicción republicana. Creo en la separación de poderes y creo profundamente en las libertades. Entonces, cualquier modelo que resuelva los problemas -que estoy segura que los ciudadanos de El Salvador agradecen- pero que en el tiempo implique el recorte de libertades, la vulneración de derechos fundamentales y la apología al personaje, históricamente eso no ha dado buenos resultados.

 

¿Usted se siente de derecha o conservadora?

 

Soy conservadora en cuanto a mis convicciones personales, religiosas, familiares, si se quiere, pero soy profundamente liberal en temas de mercado, de expansión, de política, de acogimiento, de tecnología y demás.

 

Yo le preguntaba esto porque he leído que se siente de derecha popular. Y ahora que hablamos de Bukele, en el Perú hay una fascinación por este modelo, que, como usted dice, implica romper el sistema democrático, intervenir el Poder Judicial. ¿Por qué sus compañeros de ruta de la derecha no entienden lo mismo que usted? ¿Tiene una explicación?

 

Si yo quisiera entrar a un análisis tan, a ver, ideológico, como lo está planteando, empezaría por preguntarme quiénes son de la derecha y qué es la derecha en el Perú, y esa es una respuesta que no tengo.

 

Seamos arbitrarios, la derecha no es la izquierda, es lo contrario a la izquierda en el país.

 

Claro, y por eso yo en algún momento hablé de la derecha popular, de aquella que impulsa la capacidad creadora del pueblo, que desata el potencial del peruano, que siempre, históricamente y desde hace mucho tiempo, es un emprendedor.

 

Está hablando de la definición del elector.

 

E incluso del que ideológicamente podría adherir a la derecha, pero esa derecha yo la diferencio, y ahora creo que hay un ejemplo emblemático en el presidente de Paraguay. Creo que la derecha merca es algo que no tiene realmente más que el afán de lucro para sí mismo y no el proyecto de desarrollo para un país.

 

¿Hay mucha derecha merca en el Perú?

 

Hay derecha merca en el Perú. Sí, claro.

 

¿Se atrevería a señalar algunos grupos?

 

No, porque no es responsable. Nuevamente, yo hablo sobre evidencia, y para señalar directamente a alguien requeriría sustentar lo que voy a decir.

 

Pero hemos conocido discursos, hemos conocido posiciones en la elección pasada.

 

Sí, claro. Y yo estoy convencida de que los lectores de La República van a identificar con nombre y apellido, y sector, a la derecha merca, sin que necesariamente yo la señale.

 

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Sí, es lo más probable. ¿Qué piensa de la gestión del señor Miki Torres como presidente del Senado?

 

Pienso que está haciendo un gran esfuerzo para manejarse en un modelo bicameral muy mal hecho, en un modelo bicameral cuya delimitación de funciones, cuya separación de atribuciones, ya empezó a generar problemas. Y si no se resuelven, eso puede terminar muy mal porque el conflicto ya no va a ser entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, que es un conflicto natural. En este caso, hay fricciones entre cámaras, en un proceso que debería fluir. Entonces, el desafío que tiene Miguel Torres como presidente del Congreso en este momento es enorme y lo hace en circunstancias constitucional y reglamentariamente muy complicadas.

 

¿Y está a la altura del encargo? Cuando cometió este error en la redacción de la autógrafa que daba las facultades al Ejecutivo, que señalaba que solamente el Senado estaba dando las facultades, él defendió esa posición, él dijo que se basaba en argumentos constitucionales y otras cosas más, pero estaba equivocado.

 

Sí, estaba equivocado.

 

Parece que el cargo lo ha envanecido o no lo ha dejado reflexionar. ¿Qué piensa usted?

 

Que reflexionó y que enmendó.

 

¿Es suficiente una fe de erratas?

 

No, no es suficiente una fe de erratas. Y pienso que ahí quizás la enmienda debió haber sido más constitucional y más reglamentaria.

 

Usted debe conocer al señor Torres. Han trabajado en algún momento en el Parlamento. ¿Lo ve con ánimo de enmienda? Porque él ha dado por acabado el incidente con la fe de erratas.

 

Considero que debe hacerse lo que es constitucional y reglamentariamente correcto, para garantizar hermenéutica parlamentaria que genere precedente válido y que no abra innecesariamente flancos que permitan más adelante atacar la legalidad del proyecto de delegación de facultades.

 

Ahora, ¿usted diría que el Senado está respetando su propio reglamento?

 

Pienso que no han querido entrar a la discusión con respecto a los límites que tiene el Senado. El diseño unidireccional que tenemos ahora, que hace que la decisión final la tenga el Senado, impone límites. Si el Senado puede corregir, aprobar o rechazar una propuesta, eso es definitivo, porque de ahí solamente sube a presidencia para promulgación. Y como le han dado todo ese poder de cierre del íter legislativo, también han puesto límites, dos bien claros reglamentariamente establecidos: No desnaturalizar y referirse a la propuesta aprobada en diputados. ¿Qué significa esto trayéndolo al proyecto de ley de delegación de facultades? Que solo podían referirse a los 27 puntos aprobados por diputados, no a la iniciativa enviada por el Ejecutivo, no al dictamen en minoría. Entonces, pienso que allí no han respetado su propio reglamento y deberían evaluar esto.

 

Correcto, pero ahora los hechos ya se consumaron. Ya la autógrafa ha sido enviada al Ejecutivo y lo que la gente siente es que la Cámara de Diputados en este momento es básicamente la mesa de partes del Senado.

 

Sí y no, porque en realidad la discusión se convirtió en eso. ¿Quién va a ser mesa de partes de quién? Porque el Senado se quejaba de que ellos no tenían iniciativa legislativa. Y no la tienen, es parte de su reglamento…

 

El reglamento que aprobó Fuerza Popular.

 

Pero por supuesto y que fue impulsado bajo la presidencia de la Comisión de Constitución exclusivamente de Fuerza Popular. Así que ahí tendría que haber una autocrítica o una explicación de cuáles fueron las razones para hacer eso.

 

Porque los límites los pusieron ellos.

 

Los límites los puso el Congreso, porque una reforma constitucional requiere 87 votos y este tuvo muchos más. Pero el dictamen fue elaborado y aprobado bajo la presidencia de Fuerza Popular, sin duda.

 

Allí estaban la señora Moyano y el señor Rospigliosi.

 

Moyano, Juárez y Rospigliosi. Entonces, sí hay por lo tanto el deber de explicar qué es lo que quisieron decir con eso.

 

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Ahora, ha dicho que la presidenta Fujimori no debería echar más combustible a las diferencias que hay con las fuerzas políticas. ¿Usted siente que está siendo exitosa en ese manejo?

 

Yo no termino de comprender la conducta con la oposición. Empezó el gobierno con un discurso más bien convocante. Pero luego se cambió al señalamiento a la oposición como obstruccionista y luego con comparaciones, usando frases literarias que no aportan.

 

Y que no existen.

 

Sí, tampoco. Y en un momento como el que vive el Perú en noviembre del 2026 y lo que se viene para el 2027, lo que debe hacer un jefe de Estado es unir, es convocar. El Perú va a enfrentar la catástrofe más grande que hayamos visto y yo creo que no va a tener comparación ni con el COVID, ni con la época del terrorismo en términos destructivos. Y eso requiere gobierno. Y el gobierno no debe confrontar en momentos difíciles, sino unir.

 

¿No le está exigiendo mucho a la señora Fujimori? Usted la conoce. En abril, por ejemplo, decía que la izquierda era su enemiga. ¿A esta misma izquierda la va a convocar ahora?

 

Es su deber. Más allá de sus propias convicciones y de sus propias emociones, que son naturales en alguien que ha hecho política partidaria y que ha estado en campaña durante tanto tiempo y que ha sido perseguida y atacada con mucha virulencia también, es normal que ese tipo de emociones en abril hayan existido. En noviembre estas deben desaparecer porque, insisto, hace ya tres periodos que en el Perú se gana por 40.000 votos.

 

¿Por qué de pronto es crítica con el gobierno? Usted fue una entusiasta congresista de Fuerza Popular.

 

Mi gratitud, mi reconocimiento a la oportunidad que me dio Fuerza Popular para servir a mi patria no me quitan mi criterio y no me quitan mi DNI para opinar desde mis propias convicciones, desde mi formación profesional y desde mi carrera larga en el servicio público. Mi trayectoria política no empezó con el fujimorismo. La precede largamente.

 

De hecho, usted fue de izquierda en algún momento.

 

En algún momento, como todas las personas que aspiran a cambiar la patria y son niñas. Yo estuve en la izquierda cuando era niña. A los 13 años dirigí la toma de mi colegio.

 

Vaya, era radical.

 

Es natural que las revoluciones personales vayan al ritmo de la edad. Con el tiempo uno conoce la realidad, aterriza y entiende la idiosincrasia y además los recursos con los que se cuenta y se van adquiriendo ideologías que no son ni de un lado ni del otro lado.

 

¿La llaman de Fuerza Popular cuando leen sus críticas?

 

No opino esperando una llamada. Es más, mi única esperanza es que quizás las escuchen y tomen aquello que les pueda parecer conveniente. Yo creo que lo peor que le puede ocurrir a un gobierno que enfrenta los problemas que tiene el Perú en este momento es rodearse de una corte de adulones o de quienes no sean capaces de señalar un problema.

 

¿Y hay muchos adulones en Fuerza Popular?

 

Creo que exigirle y reclamarle a la gente que expresa una crítica no solamente no es democrático, sino que dificulta la solución de los problemas.

 

No me respondió. ¿Había muchos adulones en Fuerza Popular? Usted los conoce.

 

Creo que hay personas que ven a la crítica como algo negativo.

 

 

Usted estuvo en el chat que llamaron La Botica.

 

Sí, claro.

 

Ahí, Fuerza Popular se envanecía y celebraba sus votaciones. Usted, por ejemplo, daba vivas al partido, a la misma Keiko. ¿Ha dejado de ser la persona que estuvo en ese chat?

 

Yo soy Rosa Bartra. Las personas no somos las mismas, como esa niña de 13 años que dirigió la toma de su colegio o la congresista que presidió tres comisiones importantísimas en el Congreso. Mi responsabilidad, de acuerdo al escenario, trato de ejercerla con convicción, con lealtad, con respeto a mis principios. Entonces, no es que haya cambiado yo, es que ha cambiado el lugar desde donde ejerzo mi responsabilidad.

 

Le pregunté por el chat La Botica, que se hizo conocido después de la interpelación que se le hizo al ministro de Educación (Jaime Saavedra). Después de tanto tiempo, ¿diría que actuaron bien con el señor Saavedra?

 

La interpelación, y de hecho yo sustenté la interpelación a Jaime Saavedra, no dejó de tener razones. Había una gran corrupción detrás de la compra de computadoras y en ese tiempo todavía conocíamos de la responsabilidad política de los ministros, que creo que es algo que se ha olvidado. Entonces, había pruebas, había depósitos en cuentas, había responsables y había un grave problema con la educación pública.

 

El hecho concreto es que todas esas sospechas y todo lo que efectivamente usted expuso, ya no vale nada. El señor está trabajando sin ningún problema legal fuera del país.

 

Como la señora Fujimori ahora es presidenta del Perú, después de haber enfrentado todas las acusaciones que enfrentó. Digamos que hay un momento histórico y hay los eventos posteriores. La decisión no se tomó con respecto a Jaime Saavedra del 2026 y el Banco Mundial, se tomó con Jaime Saavedra, ministro de Educación, responsable de un sector en el que había corrupción.

 

 

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