Escribe JJ Vega Miranda (*)
Es noviembre de 2026, un año que será recordado, junto con el 2027, por configurar el más extremo Fenómeno El Niño (FEN) de todos los tiempos. Los datos de temperatura del mar -hasta por encima de los 10 °C del promedio estándar- proyectan escenarios desconocidos. Los primeros hechos provocados por el FEN en el Perú perturban: Tumbes inundado, Piura a punto de ingresar en un torbellino tormentoso, lloviznas inusuales y persistentes en Lima, lluvias intensas en la selva, múltiples vías bloqueadas por todo el país.
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En medio de esta anunciada presencia de un FEN sin precedentes, empieza a brillar la falta de capacidad del Estado para transmitirle a la gente la información que debería tener desde hace un buen tiempo: qué es lo que está sucediendo ahora mismo, qué podría pasar en los siguientes meses y qué hacer durante la emergencia. Pero lo que se tiene hoy es una nebulosa en la que todos opinan: expertos (que se han multiplicado, y no siempre con mensajes responsables), ministros que anuncian el apocalipsis sin alternativas, medios y redes que reportan tragedias no acontecidas, etc. Mientras tanto, la mayor parte de la población tiene que desenvolverse en medio de lo indescifrable: gran parte solo murmura y muchos otros esperan sentados en la puerta de su casa la llegada de la torrentera para huir hacia la nada.
Sin una estrategia comunicativa planificada, se ha generado una atmósfera en la que cualquier improvisado, incluyendo autoridades y líderes políticos, comienza a anunciar escenarios extremos, muchas veces sin sustento suficiente. Lo primero que tiene que hacer el gobierno es poner orden. No existe una vocería oficial y permanente. Aparece el Senamhi, el ENFEN, los ministros, INDECI, SEDAPAL, MIDAGRI, CENEPRED, entre otras instancias, y cada quien expresa lo que quiere, o lo que es de su interés particular.
Es urgente generar una sola vocería, quien sabe con dos alas, una política y otra técnica. Si se tiene que comunicar asuntos de interés diez veces al día, que se haga. Lo primero, entonces, es poner orden para suministrar la información indispensable a la ciudadanía. Si seguimos como estamos, se reforzará la confusión, la incertidumbre, el temor y la angustia. Cóctel ideal para el caos social, que podría aparecer sin aviso, al igual que los huaycos que tendremos en gran parte del país.
Estrategia comunicativa que llame a la acción
La ausencia de una estrategia comunicativa diseñada para mitigar los efectos del FEN limita la capacidad de la población para prepararse y actuar. Si se la hubiese definido meses atrás, se estaría en un escenario distinto, con mensajes directos y acciones concretas. No podemos decir, sería injusto hacerlo, que el actual gobierno tiene toda la responsabilidad. Pero el FEN encontrará a un país poco preparado y con una población con un déficit de información para la acción, que aumenta su vulnerabilidad frente a los efectos de la emergencia. Diferente hubiese sido el estado de las cosas con un enfoque desde la comunicación para el cambio social, una disciplina que busca cambiar actitudes y comportamientos, incorporando conceptos como participación y movilización a una intervención comunicativa.

La respuesta al FEN requiere una acción enmarcada en ese tipo de comunicación. Es cierto que hay comportamientos muy complejos de cambiar, como que las familias abandonen sus casas porque están en zonas de riesgo. No basta con repetir en todos los medios y redes: “Deben abandonar sus hogares porque están en una zona de riesgo”. Ello no se logrará solo con mensajes, por más intensa que sea la irradiación de los mismos. Allí se deberán aplicar otros mecanismos que no hay espacio para explicitar ahora. Pero sí hay muchos otros comportamientos que pueden ser promovidos con éxito ante una emergencia como la que tenemos por delante. Para lograrlo, hay que diseñar, planificar e implementar acciones que permitan incidir en las actitudes de la población.
Una comunicación con participación y movilización
Si se hubiese abierto esa puerta meses atrás, se podría tener, a estas alturas, grupos de comunicadores haciendo cosas concretas en las regiones que se verán más afectadas en el norte; y en el sur, habría gente vinculada a la comunicación social, trabajando en un número importante de zonas surandinas, que serán impactadas por una prolongada sequía. En Lima, donde al parecer lluvias inéditas (no las lloviznas que se están dando en estos días) podrían provocar, como nunca, una activación de quebradas en zonas populosas. Contar con un enfoque y una acción estratégica ayudaría a reducir la vulnerabilidad. Por la complejidad de la ciudad (Lima y el Callao), con más de 11 millones de habitantes, la preparación y difusión de mensajes estructurados en temas de alta sensibilidad (ubicación de zonas de alta vulnerabilidad, suministro de agua en plena emergencia, albergues, establecimientos de salud operativos, etc.) puede resultar invaluable para mitigar el impacto del FEN en familias y barrios.
Se ha perdido mucho tiempo, pero este Niño estará con nosotros al menos un año más. Lo más difícil está por venir: la propia emergencia y la secuela que traerá el FEN. Serán tiempos difíciles para millones de peruanos. Con decisión y premura, se podría elaborar en poco tiempo una estrategia de comunicación, con funciones y responsabilidades claramente definidas. El primer paso sería identificar, en coordinación con las autoridades competentes, las zonas y poblaciones más expuestas, así como sus principales necesidades de información. A partir de ese diagnóstico, se elaborarían y difundirían mensajes claros, oportunos y verificables sobre prevención, evacuación, acceso al agua, albergues y servicios de salud, solo por citar algunos temas. El tema del suministro de agua potable podría generar graves conflictos sociales, y amerita una estrategia comunicativa específica para abordarlo desde ahora mismo.
Para asegurar que la información eficaz (útil para la acción) llegue efectivamente a la población, será necesario articular la participación y movilización de comunicadores de entidades públicas y organizaciones de la sociedad civil en las regiones, quienes deberán trabajar coordinadamente con los comandos operativos encargados de enfrentar el impacto del FEN. Hay que recordar que cada institución u organización cuenta, a su vez, con sus propias redes y canales de comunicación que alcanzan a miles de ciudadanos; nos estamos refiriendo a entidades públicas, cooperativas, sindicatos, clubes, etc. Asegurar un flujo de información y empatía entre los responsables de conducir la emergencia y los equipos de comunicadores regionales será un puente irremplazable para llegar a la población con mensajes precisos y eficaces.
Para que el esquema funcione apropiadamente, se requiere de voluntad política y lineamientos estratégicos de comunicación a nivel nacional. La Secretaría de Comunicación Social de la PCM podría asumir ese liderazgo, le corresponde. Está de más enfatizar la necesaria convocatoria a medios de comunicación, líderes de opinión, organizaciones sociales y líderes comunitarios, quienes deberán participar en este esfuerzo de comunicar oportuna y eficazmente. Estas líneas son solo apuntes con algunas ideas y acciones que podrían ponerse en marcha. Llevarlas a la práctica, junto con otras opciones, será beneficioso para el país en su conjunto. Hay que cerrarle el paso, en la medida de lo posible, a los efectos más graves que podría traer consigo el Fenómeno El Niño.
(*) Director ejecutivo de Certeza Consultores
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