La 17ª Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (COP17) concluyó en la capital armenia con la adopción de la «Hoja de Ruta de Ereván», un plan estratégico diseñado para acelerar el cumplimiento de las 23 metas del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal antes de 2030. La cumbre dejó compromisos por cerca de 2.000 millones de dólares en nueva financiación, pero cerró bajo la advertencia de que las promesas internacionales aún no se traducen en acciones concretas y suficientes a nivel nacional.

El nuevo documento rector establece las prioridades para los próximos cuatro años, instando a los gobiernos a eliminar los subsidios perjudiciales para la naturaleza y a alinear sus decisiones económicas con los objetivos globales. Astrid Schomaker, secretaria ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica, fue enfática: «No podemos proteger la naturaleza mientras seguimos financiando su destrucción».

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Financiamiento e inclusión indígena

La cumbre generó cerca de 50 decisiones sobre gestión de ecosistemas y movilizó nuevos recursos, entre los que destacan 560 millones de dólares para el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, 500 millones para la Alianza para la Recuperación de Especies y 330 millones destinados al Fondo Value Nature, orientado a captar capital privado.

En el ámbito social, las delegaciones aprobaron las Directrices de Seván, un mecanismo permanente que otorga mayor peso a los pueblos indígenas y comunidades locales en la formulación de políticas globales sobre biodiversidad. Sandra Valenzuela, directora ejecutiva de WWF-Colombia, valoró estos avances pero exigió que se agilice el acceso directo a los fondos. «Una promesa de Ereván significa poco para una comunidad que protege su bosque si los recursos nunca le llegan», señaló, recordando la necesidad de operativizar el Fondo de Cali (creado en la COP16) y asegurar que el 50% de las contribuciones beneficien a quienes conservan los territorios.

El nuevo documento rector establece las prioridades para los próximos cuatro años, instando a los gobiernos a eliminar los subsidios perjudiciales para la naturaleza. (Foto: Difusión)

La advertencia de WWF: La brecha de implementación

A pesar del optimismo institucional expresado por el PNUMA, la Revisión Global presentada durante la cumbre evidenció que el planeta está lejos de la trayectoria necesaria. La delegación de WWF alertó que decisiones críticas sobre cómo se movilizarán y distribuirán los recursos quedaron pendientes.

Daudi Sumba, director de Conservación de WWF Internacional, urgió a los países a integrar la biodiversidad en sus decisiones de agricultura, infraestructura y gasto público. «La ambición en biodiversidad debe ir acompañada de acción. Postergarlas no moverá el plazo de 2030; solo nos dejará menos tiempo para cumplir», afirmó.

El rezago es particularmente crítico en la conservación marina. Pauli Merriman, directora senior interina de Océanos de WWF, advirtió que actualmente solo cerca del 10% del océano está protegido, y apenas un 3,5% cuenta con protección efectiva. Las proyecciones actuales apuntan a llegar solo al 12% en 2030, muy lejos de la meta global del 30% («30×30»), un objetivo que requiere elevar el financiamiento marino de los 1.800 millones de dólares actuales a 16.000 millones anuales.

Con la mirada puesta en la COP18, que se celebrará en Ecuador cuando solo falten dos años para el límite de 2030, el mensaje final de Ereván deja una tarea clara: el verdadero éxito de los acuerdos no se medirá por los textos firmados en Armenia, sino por los cambios estructurales que los gobiernos ejecuten al regresar a sus países.

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