En las profundidades del océano Pacífico, cerca de Hawái, existe un animal gigantesco que lleva años desconcertando a los científicos. Y no es un tiburón ni un calamar.
Se trata de una esponja marina tan grande como una camioneta pequeña. Es la esponja más grande que los científicos han documentado hasta ahora.
La encontraron en 2015, durante una expedición de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, conocida como NOAA, en el monumento marino Papahānaumokuākea.
Estaba a unos 2.130 metros de profundidad, en una zona donde prácticamente no llega la luz solar. Y sus dimensiones sorprendieron inmediatamente a los investigadores.
Medía aproximadamente 3,7 metros de largo, 2,1 metros de ancho y 1,5 metros de alto. Un tamaño extraordinario para un animal que prácticamente no se mueve.
Porque sí, aunque mucha gente las confunda con plantas, las esponjas son animales. No tienen cerebro, corazón ni músculos, pero llevan cientos de millones de años existiendo.
Los investigadores encontraron este ejemplar utilizando un vehículo submarino controlado a distancia llamado Deep Discoverer, que exploraba las profundidades desde el barco científico Okeanos Explorer.
Para calcular su tamaño utilizaron dos rayos láser paralelos y fotografías tomadas desde otro vehículo submarino. Así pudieron determinar las dimensiones de aquella enorme estructura.
El descubrimiento superó el récord anterior, que pertenecía a otra esponja encontrada frente a las costas de Canadá, de aproximadamente 3,4 metros de longitud.
Sin embargo, había un problema. Los científicos no pudieron determinar exactamente a qué especie pertenecía aquel animal gigantesco porque no recogieron directamente una muestra de él.
En cambio, recogieron una esponja más pequeña encontrada cerca, que aparentemente pertenecía a la misma especie. Su análisis permitió obtener algunas pistas sobre su identidad.
Descubrieron que pertenecía a la familia Rossellidae, un grupo de animales conocidos como esponjas de vidrio porque sus esqueletos contienen sílice, el material presente en el vidrio.
Estas estructuras forman una especie de armazón que sostiene sus cuerpos y también puede servir como refugio para otros pequeños organismos que viven en las profundidades.
Las esponjas se alimentan filtrando agua. Absorben pequeñas partículas de alimento mientras el agua atraviesa sus cuerpos, contribuyendo al funcionamiento de los ecosistemas marinos.
Los resultados de este descubrimiento aparecieron en la revista científica Marine Biodiversity. Pero todavía queda una pregunta bastante difícil de responder: ¿cuántos años tiene esta esponja?
Los investigadores no conocen su edad. Sin embargo, otros estudios sobre esponjas gigantes sugieren que algunos ejemplares pueden alcanzar edades superiores a los 2.300 años.
Eso no significa que esta esponja tenga necesariamente miles de años. Su edad continúa siendo desconocida y no existen mediciones suficientes para calcularla con precisión.
También resulta sorprendente que, durante las 18 inmersiones realizadas en aquella expedición, los investigadores solamente encontraran dos ejemplares que parecían pertenecer a esa misma especie.
Y hay otro detalle importante. Los científicos encontraron este animal hace más de una década, pero todavía desconocen su especie exacta y cuánto tiempo lleva viviendo allí.
El océano profundo sigue siendo uno de los ambientes menos explorados del planeta. Si una esponja de semejantes dimensiones permaneció desconocida durante tanto tiempo, ¿cuántos otros animales gigantes podrían estar esperando a que alguien los encuentre?
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