Este Búho se rinde ante el éxito rotundo de los inacabables Hombres G. El último jueves y ayer viernes brindaron dos conciertos con llenos totales en nuestro Estadio Nacional.

Y lo mismo hacen en España, México y otros países donde hasta hoy tíos cincuentones y sesentones, varios incluso con nietos, siguen cantando sus pegajosos éxitos ochenteros como ‘Devuélveme a mi chica’, ‘Venezia’, ‘Marta tiene un marcapaso’, ‘El ataque de las chicas cocodrilo’ o la romántica ‘Temblando’.

Comenzaron a tocar cuando eran unos chiquillos. Ni en sus sueños más locos se imaginaban que alcanzarían la fama, convencidos de que todo terminaría de un momento a otro. Las letras de sus canciones eran como bromas con música, para reírse ellos y quienes los escucharan.

Pero su primer éxito, ‘Devuélveme a mi chica’, comenzó a ser tocado en una radio pequeña casi de casualidad y, de inmediato, se convirtió en un hit, en un éxito enorme, por su melodía, la letra del tema, el timbre de voz inconfundible de su cantante David Summers y por la frase ‘sufre mamón’, bien insolente para esos años, que los adolescentes comenzaron a repetir a voz en cuello, como un grito de guerra, tal vez como una manera de desfogarse de las presiones y sus problemas o por simple palomillada.

Desde ese momento, la vida de David, Javier Molina, Daniel Mezquita y Rafa Gutiérrez cambió para siempre. El primer país al que visitaron en gira fue el Perú, donde desataron una fiebre. Ha corrido mucha agua bajo el puente e incluso, después de algunos años de un éxito atronador, estos amigos de toda la vida se separaron en 1992 para tomar rumbos distintos. Y hasta David y Javier, que eran los más compinches, tuvieron un distanciamiento. Pero el destino los volvió a unir y en 2001 regresaron al ruedo. Como clamaban sus fans.

Lo extraordinario es que hoy estos músicos mayores de sesenta años siguen encandilando no solo a la gente de su generación, sino a chicas y chicos de 15 o 16 años. Esos chibolos hoy cantan sus canciones y se entusiasman gritando ‘sufre mamón’, como sus padres o abuelos lo hicieron en aquellos maravillosos años 80.

Este columnista siempre ha sido un melómano, así que, a continuación, algunos de los conciertos en vivo a los que asistí y que más honda huella me dejaron.

PHIL COLLINS (1995). La primera gran megaestrella rockera que se atrevió a llegar a Lima, pese a que Sendero Luminoso y su terrorismo maldito nos habían aislado. El recordado baterista de Genesis, en el mejor momento de su carrera comercial, nos incluyó en su gira mundial. Cuatro gigantescos tráilers llegados en dos aviones de carga especial, desde Australia, estaban afuera de un Estadio Nacional repleto. Fue un concierto idéntico al que ofreció en Nueva York, Londres o Sidney, de donde llegó para deslumbrarnos a todos. Un sonido perfecto, cuya batería se escuchó hasta El Olivar de San Isidro. Por eso lo pongo primero en la lista. En la vida hay que ser, siempre, agradecido.

ROGER WATERS (2007). Estos ojazos han visto muchos conciertos, pero ninguno como el que el recordado líder de Pink Floyd ofreció en la explanada del Monumental. Espectacular y con toda la futurista parafernalia a la que nos acostumbró su anterior grupo, Waters era el genio creador y no le importó dejarle el nombre a sus excompañeros. Se llevó lo mejor, su esencia. No por nada él compuso las letras y el concepto. Por paradojas del destino, gracias a mi colega Rita Márquez estuve en primera fila. Sentía cómo nos abrazaban las brasas del fuego real que brotaban del escenario, mientras interpretaba la emblemática ‘Another brick in the wall’ (Otro ladrillo en la pared), un himno contra la opresiva educación escolar. Al final, su gigantesco ‘chanchito volador’ surcó los aires y se perdió en los cielos de Lima. Inolvidable.

PAUL MCCARTNEY (2011 Y 2014). En el primero asistieron 50 mil al Monumental y en el segundo 35 mil al Nacional. Estuve en los dos. El primero fue la emoción indescriptible de un público rendido a su estrella. El segundo fue la entrega de Paul, calculada a un público más auténtico y, por ende, mucho mejor. Ninguna superestrella a su edad pudo tocar más de tres horas, sin parar, las joyitas más emblemáticas de The Beatles: ‘Yesterday’, ‘Hey, Jude’; así como las de Wings, banda que formó con su primera esposa. Histórico.

THE ROLLING STONES (2016). Estuve entre esos cincuenta mil privilegiados asistentes, aunque a decir verdad éramos más bien zombies hipnotizados por una cofradía que nos encantó por décadas y que por fin se presentó para que le rindiéramos el culto que se merece. Quien tuvo plata y le gustaba el grupo, pero no compró la entrada por tacaño, se consumirá con Mick Jagger, que con una capa negra se convirtió en un ‘Satán’ totalmente poseído y ensimismado en una danza delirante con su pecadora canción ‘Sympathy for the devil’ (Simpatía por el diablo). Apago el televisor.

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