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por Luz Alarcón
Actualizado el 30 de Oct, 2026 12:01 pmEl Perú es el quinto país de América Latina más expuesto a amenazas naturales. Un análisis del IPE advierte que las carreteras, redes de agua, colegios y viviendas presentan vulnerabilidades que podrían agravarse ante un Fenómeno El Niño extraordinario o un sismo, poniendo en riesgo la continuidad de servicios esenciales y la actividad económica.
Perú es el quinto país de América Latina más expuesto a amenazas naturales, según el INFORM Risk Index 2026 de la Comisión Europea. Ante el riesgo de un Fenómeno El Niño extraordinario y la amenaza sísmica que enfrenta el país, surge una pregunta clave: ¿qué tan preparada está la infraestructura para resistir estos eventos?
Un análisis del Instituto Peruano de Economía (IPE) advierte vulnerabilidades en las carreteras, las redes de agua, los colegios y las viviendas. Estas deficiencias podrían interrumpir servicios esenciales, afectar la actividad económica y profundizar las brechas de infraestructura.
El riesgo es inminente. Datos del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred) revelan que dos de cada tres kilómetros de toda la red vial del país se encuentran en condiciones inadecuadas. Y, de las vías que sí están pavimentadas o afirmadas, casi la mitad está expuesta a inundaciones; y un tercio, a huaicos.
“En la costa norte, seis de cada diez kilómetros de asfaltados están en distritos con alto riesgo de lluvias y, por lo tanto, también inundaciones. [...] Puede haber una problemática o la carretera puede pararse; sin embargo, hay otros efectos económicos indirectos, como desabastecimiento de alimentos, de bebidas, o que la provisión de algunos servicios públicos se pare o se demore por tener esta vulnerabilidad ante lluvias”, advirtió María Alejandra Ormeño, jefa de Políticas Públicas del IPE.
A esta situación se suma la limitada capacidad para evacuar el agua de lluvia. Al cierre de 2025, el 63% de los proyectos de drenaje pluvial del país estaba paralizado o abandonado, con la costa norte con una tasa mucho mayor y la más alta entre las macrorregiones.
La vulnerabilidad también alcanza a los colegios: más de la mitad requieren reconstrucción por sus condiciones precarias y la mayoría se ubica en distritos con alto riesgo de inundación, lo que pone en riesgo a más de 870 mil estudiantes.
“La infraestructura es un medio para poder proveer un servicio público de calidad, entonces lo que nosotros necesitamos es que nuestros niños aprendan, pero va a ser muy difícil lograr estos objetivos de aprendizaje si los colegios están en condiciones precarias, si no tienen servicios básicos y además se le suma una vulnerabilidad adicional que son las lluvias que ya comienzan”, precisó Alejandra Ormeño del IPE.
En materia de vivienda, más de 11 millones de personas habitan casas construidas con materiales inadecuados en distritos expuestos a lluvias intensas.
Otro servicio crítico es el agua potable. Según el Cenepred, más del 90% de las tuberías de distribución de Lima y Callao están en riesgo de colapso ante un terremoto. Además, las tres plantas donde Sedapal potabiliza el agua del río Rímac también están expuestas a este peligro.
Frente a esta situación, José Luis Guasch, especialista en infraestructura de la Escuela de Gestión Pública de la Universidad del Pacífico, remarcó que la prevención debe convertirse en una prioridad permanente tanto de la inversión pública como privada.
"Una de las lecciones que debiera haberse aprendido, y debe ser un factor fundamental en la estrategia, es transformar la prevención en una prioridad permanente en la inversión pública y privada. Que sea una prioridad que todos los proyectos, particularmente en las áreas que es el norte que pueden ser más afectadas por estos fenómenos naturales como tal, obviamente se incorporen unos elementos que sí existen y se pueden hacer en términos de reducir el impacto de estos desastres naturales", enfatizó el especialista.
Las deficiencias de infraestructura pueden agravar el impacto de los desastres, desde la interrupción de servicios básicos hasta las pérdidas económicas. Así, el reto no es solo reconstruir después de una emergencia, sino invertir en prevención y mantenimiento para que cada desastre no amplíe aún más la brecha de infraestructura del Perú.
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