El sistema educativo peruano estatal expuesto desde sus vísceras sociales. La herida estructural mostrada con su dolor intrínseco en la que cualquier ilusión naciente es aplastada por la realidad, convertida en una máquina devoradora de sueños. Pero lo real no es un asunto abstracto, tiene una arquitectura de poder y exclusión, de racismo y marginación que se encarna y define vidas. Con su violenta invisibilidad traza la biografía de miles de peruanos. La educación convertida en una opción liberadora o en una reafirmación de las taras. Por eso, esta puesta no solo es una radiografía pasiva sino una denuncia, va más allá de ser un ejercicio escénico habitual para transformarse en una acusación pública.
Por eso se mueve en tres capas: la posición del lado de quienes son los perpetuos excluidos, casi condenados irreversiblemente a una condición en la que su talento no tenga las oportunidades; la segunda, aquella en la que los grupos con privilegios, más allá del gesto social de inclusión retórica, jamás reconocen como suyo al que tiene una marca indeleble de siglos de exclusión étnica y social; y, la tercera, el desgarro interior de quien, a pesar de haber huido del colapso inminente, tiene que volver a explicarse las razones de dudas existenciales que no lo dejan en paz.

Basada en la novela El principio del mundo de Gamboa, Althaus señala la desesperanza absoluta y la implosión del personaje que jamás puede huir de sus disyuntivas más profundas. Aunque intente el regreso, solo es para ratificar que siempre fue un individuo del barrio que, incluso en sus medianos triunfos, se explica desde aquel arquetipo lateral incorporado en su ser desde sus orígenes. El mérito jamás será suficiente para demoler la desigualdad histórica y la opción para romper el círculo vicioso y trágico de la pobreza es prácticamente imposible.

Aunque la música, asumida en esta puesta como el vehículo que los moviliza y abre puertas, estalla cuando se enfrenta al terror personal de unos escolares coristas que, más allá de su entusiasta disciplina y del apoyo solitario de un héroe docente, son engullidos definitivamente por sus propios miedos. El enemigo no está solamente afuera, sino que mora, crece y se desarrolla desde dentro. Por eso, es también una desalmada aventura social en la que los fantasmas interiores triunfan en tanto son un escollo insondable en cada uno.
El elenco transforma las palabras de amargura e impotencia en su corporeidad, en la que la derrota, una vez más, clausura el presente, ni siquiera el futuro, ya que este es inexistente desde las aulas celestes.
Ficha:
Escritura dramatúrgica y conducción escénica: Mariana de Althaus
Elenco: Daniel Cano, Herbert Corimanya, Verony Centeno y Kiara Quispe
Lugar: Alianza Francesa de Lima, Miraflores.
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