Ayer hablé con mi hija mayor, la que está en Madrid. Me contó que se juntó con unos amigos peruanos a ver la pelea de la U. Le dije, desde luego, te falta poco para volverte española del todo. Me rió, pero lo cierto es que siento un vacío cada vez que cuelgo. Una se va, la otra está metida en el hospital de Cayetano, y uno termina tomando whisky solo los viernes. La vida de padre, supongo.