Literal, acabo de terminar un caso laboral que me dejó pensando. Un señor de 58 años, despedido después de 30 años de servicio, y la empresa intentando alegar falta grave con pruebas inexistentes. Lo cierto es que la justicia laboral en este país es una batalla cuesta arriba, pero cuando ves la cara de alivio de tu cliente al ganar, todo el papeleo vale la pena. Es insólito lo poco que le cuesta a algunas empresas pasar por encima de la gente.