Nos han hecho creer, y más aún, sentir, que la historia que importa (y hasta casi la única que importa) es la de los (así llamados) grandes acontecimientos -de los cuales estamos por lo general excluidos-. La Historia, esa con H mayúscula, es lo que es válido. ¿Y nada más? Lo que quedará en la gran memoria. Como ven, y leen, todo grande, y con mayúsculas. Así -en cierto sentido- no parecemos existir. ¿No importamos? ¿De verdad, y sin muchos matices, somos nada?

Pero resulta que, si haces bien las cuentas, si te fijas en cómo funciona la vida, si confías en tu propia experiencia, verás que lo infinitamente pequeño contiene lo infinitamente grande. Un instante (que pasa desapercibido), una anécdota, un gesto, un pequeño intercambio de palabras, casual, o muy necesario, un detalle, que podría parecer ‘aislado’ ilumina una vastedad o un conjunto, es un mundo, una entrada a un mundo, la presencia de un mundo, irremplazable en su singularidad. Aunque parezca común y normal.

El simple (pero por experiencia nunca es tan simple) estar de la gente, su con-vivir, su estar juntos, y sé que no debo usar la palabra empatía, así que hablaré solo (ni más ni menos) de ‘humanidad’. Más que suficiente. Como en el cine de Renoir que más amamos, donde lo natural es la solidaridad esperada o inesperada, la que proporciona la magia exaltante de una realidad naciente; es la vida, en su plenitud fragmentaria, inacabada, imperfecta pero bullente.

Puedes filmar a la gente justo viviendo, mientras vive su vida, mientras la cuenta, la recuerda, la superficie puede ser tranquila, aunque no se reflejen siempre las emociones más tranquilas… Es la periferia de Barcelona, Vallbona, con casas construidas por sus habitantes con sus propias manos, habitantes con razas y lenguas y sonidos y colores y sabores varios. Hay algo precioso, frágil, que no ha sido destruido. Que ha crecido al margen. Tienen -gracias necrocapitalismo- transparentemente el aire de refugiados.

Y lo son. Y es eso lo que acaricia y conmueve. Qué tal la idea de una comunidad ¿más sana? no compuesta de zombis, deprimidos, neuróticos, estresados, apurados, angustiados, infelices… La película de Guerin insinúa o afirma en su engañosa simplicidad que, en los entresijos de un rincón olvidado late lo esencial, que debemos valorar, cuidar y defender.

Trailer

Más de Guerin. En la ciudad de Sylvia (2007)

https://lacinefilianoespatriota.blogspot.com/2008/09/no-seas-tonto-o-notas-en-torno-en-la.html

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