Esta industria abre algunas preguntas sobre su tamaño real en el Perú y su potencial exportador. Yngrid Lama, vicepresidenta del Comité Químico de la Asociación de Exportadores (ADEX), conversó con Gestión y describió el escenario.

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Mercado emergente

El mercado peruano de cosmética y cuidado personal ya registra una facturación aproximada de US$ 2,500 millones, según señaló Lama. Del total de este rubro, 30% utiliza insumos naturales y 70% emplea insumos sintéticos.

Acerca del primer grupo, destaca el consumo de aceites esenciales, que creció entre 7% y 8% en 2025 en comparación con el 2024. Aunque el salto más significativo se observó en el largo plazo: su uso es hoy 70% mayor que hace cinco años, indicó la vocera. “El mercado ha ido con una tendencia al alza en el uso de productos verdes”, añadió.

Frente a tal panorama, sobresale una premisa: lo que antes era solo materia agrícola en el país hoy comienza a convertirse en un negocio vinculado al bienestar. En detalle, el limón encabeza hoy la exportación de aceites esenciales principalmente a Estados Unidos y Europa.

Junto a este producto, “brillan” la naranja, el palo santo, la menta y, en menor escala, la manzanilla.

Mientras el aceite esencial de limón se comercializó entre US$ 140 y US$ 200 por kilo el año pasado, el palo santo alcanzó valores cercanos a US$ 300 por kilo, e incluso llegó a US$ 500.

Asimismo, ingredientes como la copaiba, la muña y el molle, conocido también como la pimienta roja, están probándose en este nicho, pero aún de manera incipiente y solo en espacios de alta demanda.

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Algunas barreras

Sin embargo, hay trabas para expandir la probabilidad de despegue de este sector. Según explica Lama, la regulación a cargo de la Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (Digemid) ocasiona que se clasifiquen a muchos aceites esenciales solo como aromáticos y no como antibacterianos, antifúngicos o analgésicos, por ejemplo.

Ello se debe a que la normativa se “inspira” en estándares europeos que Perú no puede alcanzar a causa de la insuficiencia de laboratorios especializados y la incapacidad de investigación aplicada. Es decir, Europa puede exigir pruebas a la altura de su infraestructura científica; mientras que Perú copia las reglas, pero no tiene cómo generar la evidencia.

Este país, por tanto, se ve obligado a exportar las plantas. En el extranjero, los insumos se convierten en extractos, aceites o compuestos cosméticos y luego vuelven al mercado nacional pero más caros. En suma, el valor agregado se queda afuera.

“Acá no se puede consumir el eucalipto porque el formato de obtención no me da la seguridad en la calidad de la materia prima. [...] Lo mismo pasa con el sacha inchi [...] Tenemos una cantidad de hectáreas en el Pacaya Samiria para poder procesar y exportar el aceite de aguaje, un fruto silvestre. Y no se hace porque el aceite que se trabaja ahí no cumple con la parte aséptica. Toda esa gente que podría trabajar en la zona no puede generar ingresos porque nadie les va a comprar”, sostuvo.

Agregó: “No hay una entidad como la Empresa Nacional de Coca (Enaco). Se cultiva la coca y Enaco ayuda a poner orden, ayuda a hacer un poco de estudios de la materia prima y da un camino para poder trabajarla en filtrantes, en chocolates, en caramelos”.

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