Después de ocho años viviendo en Argentina, Julieta Venegas sintió la necesidad de volver a México. Al principio, ese regreso iba a tomar únicamente la forma de un disco inspirado en Tijuana y en la música regional norteña con la que creció, sonidos que hoy experimentan una inesperada popularidad en la industria musical. Pero el proyecto terminó convirtiéndose en algo mucho más profundo.
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Mientras se sumergía en archivos fotográficos familiares, canciones de su infancia y lecturas sobre la historia de su ciudad, la cantante inició también un viaje emocional hacia sus propios recuerdos. Cuando nos recibió en la sede de Altafonte, su disquera independiente, en la colonia Roma de Ciudad de México, recordó que uno de los libros que más la acompañó durante ese proceso fue “Tijuana, la horrible”, inspirado a su vez en un título que resulta familiar para muchos peruanos: “Lima, la horrible”, de Sebastián Salazar Bondy.
Esa búsqueda, que ella describe como “una obsesión territorial de imaginar la península de Baja California”, terminó impulsándola a escribir, casi sin proponérselo, un libro de memorias que durante mucho tiempo no supo si publicaría. “Quería animarme a sacarme ese pudor de nunca expresar nada de mi vida personal”, cuenta sobre el origen de “Norteña”, un ambicioso proyecto que, entre canciones y palabras, permite acercarse, quizá como nunca antes, a la artista y a la mujer detrás de ellas.

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