"El que vota con rencor cree que es libre. En realidad, está ejecutando un plan que no es suyo. Después de todo, Sendero Luminoso también nació del odio".

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Todos hemos sentido esa ofuscación con el vivo que se mete en la cola o bloquea una intersección. Por un segundo lo odiamos y dejamos de ver las cosas con claridad. Pero si nos dejamos llevar por ese rencor y reaccionamos en caliente, la cosa no termina bien.

¿Por qué entonces en política votamos con rencor y no con la cabeza?

No digo que quien vote distinto a uno vote por odio. La gente busca lo que cree mejor para el país. El problema es cuando esa búsqueda se construye sobre una narrativa que nos quieren vender como verdad sin serlo.

En 1998, los venezolanos eligieron a Chávez para castigar a unas élites que supuestamente los habían traicionado. Refundó la república, escribió una nueva Constitución, prometió salvarlos. Hoy 7 millones de venezolanos viven fuera de su país. Otros ejemplos abundan. En 2021, también nosotros votamos con bronca legítima —la corrupción, la pandemia, el hartazgo—. Pero la bronca no es un programa. El resultado lo conocemos: 70 ministros en 16 meses, un presidente preso por intentar un golpe, y un país que aún no se levanta.

Lo peor del rencor en política no es lo que nos hace sentir. Es que alguien lo necesita, alguien lo cultiva, alguien cosecha su voto. Hay sectores políticos que viven de alimentar resentimientos, dividir al país y convertir la frustración en herramienta electoral, por ejemplo: Juntos Por el Perú.

Durante años se nos ha repetido que todos los problemas del país son culpa del modelo económico o de quienes lo defendieron desde la oposición, particularmente Fuerza Popular. Y ahí está la trampa: quienes gobernaron mal buscan responsabilizar al sistema antes que reconocer su propia incapacidad para gobernar. Es como si el cocinero que quemó la comida culpara a la receta. Nos dicen entonces que el modelo económico que sacó a millones de la pobreza debe destruirse para salvarnos. Y mientras acusan a otros de querer perpetuarse, proponen cambiar las reglas, a través de una nueva Constitución, para concentrar más poder político.

El que vota con rencor cree que es libre. En realidad, está ejecutando un plan que no es suyo. Después de todo, Sendero Luminoso también nació del odio.

El 7 de junio cada peruano va a marcar una cédula. Antes de hacerlo, una pregunta sencilla: ¿estoy votando por algo, o contra alguien? Si la respuesta honesta es la segunda, piénselo otra vez. Porque cuando el odio decide por nosotros, alguien más está decidiendo por todos.

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