La economía circular cuenta cada vez con mayor presencia dentro de la agenda climática. Durante el primer día del Peru Carbon Forum 2026, realizado el 27 de mayo, este enfoque fue presentado como una herramienta práctica para que las industrias reduzcan emisiones, aprovechen mejor sus residuos y fortalezcan su competitividad.

Ese fue el eje de la mesa “Economía circular como parte de la estrategia climática”, moderada por Mariale Soto, directora ejecutiva de Sistema B Perú. En el panel participaron Tatiana Garcia, oficial de Transición Verde de la Unión Europea en el Perú; Laura Arias Sarmiento, directora de Sostenibilidad para América Latina de Veolia; y Sebastián Mattos, superintendente de Sostenibilidad de Yura.

Una agenda que conecta clima, producción e inversión

Tatiana Garcia explicó que, para la Unión Europea, la economía circular se ha convertido en una pieza clave para avanzar hacia la carbono neutralidad al 2050. Según señaló, este enfoque permite mirar la descarbonización desde los procesos productivos, las cadenas de valor y las decisiones de inversión.

“Para la Unión Europea, la economía circular se ha convertido en un instrumento eje para llegar a la carbono neutralidad al 2050”, sostuvo. También remarcó que esta agenda no puede avanzar sin condiciones claras para el sector privado. “Es necesario que los países tengan certidumbre y que las empresas cuenten con un marco normativo que les permita actuar”, afirmó.

Garcia recordó que la Unión Europea impulsa esta agenda en el Perú desde 2018, con asistencia técnica para hojas de ruta de economía circular, apoyo a marcos normativos y promoción de finanzas verdes. En su intervención, destacó que el país ya trabaja hojas de ruta sectoriales y que sectores como transporte y turismo también se vienen sumando a este proceso.

La representante de la Unión Europea insistió en que la economía circular debe entenderse más allá de un producto aislado. Para ella, el cambio real ocurre cuando se mira toda la cadena de valor, desde quienes producen insumos hasta quienes pueden aprovechar residuos o subproductos. “No podemos hablar de economía circular en un solo producto, sino en toda una cadena de valor”, señaló.

El financiamiento fue otro punto central. Garcia mencionó instrumentos como bonos verdes, créditos para pequeñas y medianas empresas, cooperación técnica e iniciativas de inversión climática. También resaltó el trabajo del Equipo Europa, que articula a la Unión Europea y países europeos para promover asistencia técnica, inversión y transferencia tecnológica.

Empresas como Veolia y Yura expusieron casos concretos donde residuos industriales, aceites usados y desechos orgánicos fueron reutilizados como combustibles alternativos, evitando emisiones y reduciendo impactos ambientales. (Foto: Yura)

De residuos a nuevas oportunidades

Desde Veolia, Laura Arias Sarmiento planteó que la economía circular solo se sostiene si también genera beneficios para las empresas. En su exposición, explicó que las industrias avanzan cuando encuentran soluciones que reducen costos, mejoran la operación y disminuyen riesgos ambientales.

“Yo no veo la economía circular sin competitividad”, afirmó. Luego precisó que los proyectos más viables son aquellos que ayudan a una empresa a reducir costos, asegurar su operación diaria y cumplir mejor con sus obligaciones. “Un proyecto no puede tener solo un sesgo ambiental; también tiene que generar competitividad”, indicó.

Arias explicó que muchas industrias empiezan este camino cuando deciden dejar de enviar residuos al relleno sanitario. Ese cambio les permite preguntarse qué materiales pueden reciclarse, valorizarse o convertirse en insumo para otra actividad. Sectores como alimentos y bebidas, cemento o petróleo ya vienen mirando esta opción con más fuerza en América Latina.

La representante de Veolia compartió el caso de una empresa en Chile que aprovechó residuos de fruta para sustituir combustibles fósiles en su caldera. Con ese cambio, el residuo dejó de representar un costo de disposición y pasó a convertirse en una fuente de energía para la propia operación. “El subproducto deja de ir al relleno sanitario, sustituye un combustible fósil y ayuda a descarbonizar la operación”, explicó.

También mencionó un caso en Colombia, donde residuos de hidrocarburos de una petrolera fueron tratados y usados como combustible derivado para una cementera. Según indicó, esta solución permitió tratar 30 000 toneladas de residuos y reducir más de 15 000 toneladas de CO₂ al año. Para Arias, este tipo de experiencias muestra que la innovación no siempre nace en un laboratorio, sino en el territorio. “La mayoría de las soluciones nacen de sentarnos en una mesa y ver cómo resolvemos un problema específico del territorio”, sostuvo.

La industria cementera y el coprocesamiento

Sebastián Mattos, superintendente de Sostenibilidad de Yura, explicó que la industria cementera enfrenta un reto particular porque su proceso productivo genera una huella importante. Esto se debe al uso de combustibles y a la descarbonatación de la caliza, entre otros factores.

“La industria cementera tiene una huella alta por la naturaleza de su proceso, pero por esa misma magnitud los cementeros nos hemos puesto la meta de ser muy intensivos en la descarbonización”, señaló. En ese camino, destacó que los hornos cementeros pueden cumplir un papel importante para valorizar residuos de otras actividades.

Mattos explicó que Yura trabaja con coprocesamiento, una práctica que permite usar residuos de otras industrias, residuos municipales, llantas en desuso o aceites usados como combustibles alternativos o como materia prima para producir cemento. “Las cementeras son un aliado muy potente para la economía circular, porque el horno cementero abre varias posibilidades de valorización de residuos”, afirmó.

En el caso de Yura, indicó que la empresa recolecta aceite residual usado por minas del Corredor Minero del Sur y lo traslada a su planta para valorizarlo energéticamente en sus hornos, en reemplazo del carbón. Según detalló, la sustitución del total de combustibles solo con aceite está entre 6 % y 7 %, mientras que el coprocesamiento con una mezcla de residuos alcanza alrededor del 11 %.

Mattos también explicó que esta práctica ayuda a evitar impactos ambientales. Recordó que una gota de aceite puede contaminar hasta 1000 litros de agua, por lo que valorizar ese residuo en hornos con altas temperaturas y filtros evita que termine en fuentes hídricas, quemas a cielo abierto o una disposición inadecuada.

El representante de Yura mencionó además el caso del relleno sanitario de Arequipa, ubicado a un kilómetro de la planta de la empresa. Según dijo, ese espacio recibe cerca de 1000 toneladas diarias de residuos y hoy se encuentra colapsado. Frente a ello, Yura impulsa, junto con el Ministerio del Ambiente y la cooperación alemana, un proyecto para valorizar una parte de esos desechos en sus hornos.

La mesa dejó una idea clara para la agenda climática del país. La economía circular ya no se limita al reciclaje ni a la gestión de residuos. Hoy aparece como una ruta para reducir emisiones, mejorar la eficiencia de las empresas y atender problemas ambientales que afectan a las ciudades y territorios. Para avanzar, los participantes coincidieron en que se necesitan reglas claras, financiamiento, innovación práctica y alianzas entre el Estado, el sector privado y las comunidades.

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