Cultura

La Biblioteca Vasconcelos

Lee la columna de Vicente Revilla

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26/05/2026

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Redacción Lima Gris

Por Vicente Revilla

Desde el misterioso Callejón del Aguacate, en el barrio de Coyoacán, tomé la Línea 3 en la estación Miguel Ángel de Quevedo rumbo a la zona de Buenavista, donde se alza la Biblioteca Vasconcelos. El edificio se levanta junto a un vasto complejo comercial, no muy lejos del quiosco de inspiración morisca conocido como el Kiosco Morisco.

Al cruzar el umbral de la biblioteca, una pregunta comenzó a acompañarme: ¿podría un libro —o incluso una biblioteca entera— contener alguna vez la respuesta a las intrincadas complejidades de nuestras vidas? ¿O éramos simplemente ilusos —idealistas— como aquellos “gentiles bibliotecarios” que Jorge Luis Borges imaginó alguna vez: vagando, confundidos, por los infinitos hexágonos de su biblioteca imaginaria, convencidos de que en algún lugar —oculta en el caos de las letras o enterrada en una lengua olvidada— la verdad, un único libro, podría estar durmiendo en silencio?

Ningún libro podría contener jamás las intrincadas complejidades de nuestras vidas, pensé. Éramos simplemente ilusos —idealistas— como los “gentiles bibliotecarios” de Borges: errantes y perplejos, deambulando sin fin entre los infinitos hexágonos de su biblioteca, persuadidos de que en algún punto —entre el desorden de las letras o en el silencio de una lengua perdida— la verdad, acaso un libro, podría reposar discretamente.

Años después, aquella búsqueda borgiana parecía tomar forma tangible en la Biblioteca Vasconcelos de la Ciudad de México, diseñada por el arquitecto Kalach. Al recorrer sus corredores cavernosos, tuve la sensación de haber penetrado en una Babel contemporánea: futurista, austera, casi inhumana y, sin embargo, extrañamente hipnótica. Un lugar donde los libros parecen flotar entre entramados metálicos, suspendidos en una arquitectura que desafía la gravedad y la costumbre.

Allí, en el corazón mismo del edificio, cuelga el esqueleto de una ballena: Mátrix Móvil, la monumental escultura creada por Gabriel Orozco. Sus huesos se suspenden sobre quienes atraviesan la nave central, como si se tratara de un guardián silencioso que recibe a cada visitante que entra en esta catedral del conocimiento.

Mientras caminábamos por aquellos hexágonos, le comenté a mi amigo Alejandro Alonso, autor de El Escultor, que la Biblioteca Vasconcelos me parecía una suerte de refugio para los libros impresos desplazados en la era de la inteligencia artificial: un asilo, en cierto modo, donde los volúmenes aguardan con paciencia la llegada de una nueva mente curiosa.

Es también un lugar singular, donde la esperanza puede deslizarse imperceptiblemente hacia la obsesión. Allí imagino a dos ajedrecistas ligeramente enloquecidos eligiendo una mesa apartada y comenzando a reconstruir, jugada a jugada, una legendaria partida del siglo XIX —la llamada Partida Inmortal— disputada por Adolf Anderssen y Lionel Kieseritzky. En aquella partida, los sacrificios se suceden —quizá un gambito de dama— como actos de fe, hasta que las piezas dejan de parecer simples fragmentos de madera y se convierten en vestigios de alguna lógica secreta del universo.

Allí podrían permanecer durante horas —quizá días, quizá una eternidad— estudiando variantes, corrigiendo errores imaginarios y reviviendo el frágil drama de aquella victoria imposible.

Pero la Biblioteca Vasconcelos es también el tipo de lugar donde un bibliotecario errante —como yo— no puede evitar imaginar los fantasmas de lenguas olvidadas flotando entre los estantes. Pensé en palabras del quechua como chirapa (lluvia bajo el sol) o misky (dulce), vocablos que parecen guardar en sí mismos pequeñas revelaciones del mundo.

En el relato de Borges —recordé haber leído— algunos habitantes de su biblioteca infinita creían hallarse al borde de una revelación. Sin embargo, la desesperación terminó por apoderarse de ellos. Buscaban febrilmente aquel libro único que contuviera el secreto del universo y, en su delirio, los gentiles bibliotecarios terminaron enfrentándose entre sí, llegando incluso a matarse por la mera posibilidad de que otro hubiera descubierto el sentido oculto de un libro.

Pero la búsqueda que habita en la Babel de Borges nunca fue una simple fantasía literaria. En ella resuena un impulso humano mucho más antiguo: el hambre inquieta de conocimiento que ha modelado civilizaciones enteras. Nómadas y viajeros como Ibn Battuta llevaron esa búsqueda a través de desiertos y océanos, mientras los eruditos la dirigían hacia los grandes santuarios del saber: hacia la biblioteca de Asurbanipal en Nínive, donde la Epopeya de Gilgamesh fue grabada en tablillas de arcilla, y hacia la legendaria Biblioteca de Alejandría, fundada bajo la dinastía ptolemaica con la audaz esperanza de reunir el conocimiento del mundo en un solo lugar. Se dice que Alejandría llegó a albergar medio millón de rollos: una verdadera arca de la memoria que, como todas las creaciones humanas, terminaría por disolverse en el fuego, el polvo y el olvido.

Estos eran los pensamientos que me acompañaban mientras deambulaba por los vastos salones y jardines de la Biblioteca Vasconcelos. Al salir, me detuve un momento para contemplar la ballena suspendida, imaginando las migraciones de esa criatura junto a la larga peregrinación humana en busca de sentido: un viaje que siempre se ha desarrollado en algún punto entre la curiosidad y la locura, entre la fe y la duda, entre el silencio de los libros y las infinitas preguntas que la vida misma encierra.

Alejandro y yo abandonamos finalmente la biblioteca, conversando ahora sobre música mexicana: la célebre canción “Tipitipitin”, compuesta por María Grever, y la favorita de Alejandro, “Flor de Azalea”, interpretada por Jorge Negrete.

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BIODATA

Vicente Revilla (Cusco, 1950) es bibliotecario de profesión y se encuentra jubilado del BMCC / CUNY. Reside en Estados Unidos desde los 20 años, donde cursó sus estudios universitarios en instituciones como Franklin Education Center, Roxbury Community College  (Boston), Boston State College y Columbia University en Nueva York, donde obtuvo su maestría en Bibliotecología. Actualmente, disfruta de su tiempo de jubilado viajando entre Nueva York, Cuidad de México, Charleston (SC), Cusco y el estado de Maine. Además, es fotógrafo profesional, editor de MOMENT / Une Revue de Photo, y aficionado al ajedrez.

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Iberia: Nelson Goerner viene a incendiar Lima

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¡Día de las Lenguas Originarias! Más de 20 libros en lenguas indígenas disponibles en la Biblioteca Metropolitana de Lima

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Cultura

El hereje que quiso incendiar el Virreinato: un libro revive el caso más incómodo del Perú colonial

El filósofo Rubén Quiroz Ávila reconstruye en Apocalipsis peruano la vida y el juicio del teólogo Francisco de la Cruz, figura perseguida por la Inquisición en el siglo XVI. La presentación del libro se realizará este jueves 28 de mayo en Vallejo Librería Café.

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27/05/2026

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Redacción Lima Gris

Hubo un tiempo en el Perú virreinal en que pensar distinto podía costar la hoguera. Mucho antes de las revoluciones republicanas y de las guerras por la independencia, el territorio peruano ya era escenario de disputas feroces entre fe, poder y pensamiento. En ese paisaje de sombras inquisitoriales emerge la figura de Francisco de la Cruz, un teólogo dominico cuya prédica visionaria y heterodoxa desafió el orden colonial del siglo XVI y terminó convirtiéndolo en uno de los personajes más incómodos de la historia intelectual peruana.

Sobre ese episodio gira Apocalipsis peruano. El caso del teólogo Francisco de la Cruz en el Perú del siglo XVI, el nuevo libro del filósofo e investigador Rubén Quiroz Ávila, publicado por Grupo Heraldos Editores. La obra será presentada este jueves 28 de mayo, a las 7:00 p.m., en Vallejo Librería Café.

Más que una reconstrucción histórica, el libro propone una inmersión en las tensiones ideológicas y espirituales que marcaron los primeros años del Virreinato del Perú. Quiroz examina cómo las ideas apocalípticas de Francisco de la Cruz pusieron en crisis las estructuras de autoridad de la Iglesia y del poder español, en una época donde la imaginación religiosa también era una forma de disputa política.

El ensayo explora temas como la herejía, la profecía, la censura y el control del pensamiento, revelando cómo el miedo al disenso moldeó buena parte de la cultura colonial. Pero el autor no se limita a mirar el pasado como una pieza de museo. En las páginas del libro resuenan preguntas todavía vigentes: ¿quién decide qué ideas son legítimas?, ¿qué ocurre cuando la fe se convierte en instrumento de poder?, ¿cuánto tolera una sociedad antes de castigar al que piensa distinto?

La presentación contará además con los comentarios de Pablo Quintanilla y Luis Novais, quienes dialogarán con el autor sobre la relevancia filosófica e histórica de este caso que, cuatro siglos después, continúa iluminando las grietas del Perú contemporáneo.

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, Rubén Quiroz Ávila ha desarrollado una extensa labor académica vinculada a la historia intelectual, la filosofía peruana y la cultura escrita. Con Apocalipsis peruano, vuelve sobre uno de los fantasmas más inquietantes de nuestra tradición: el miedo del poder frente a las ideas.

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Cultura

Iberia: Nelson Goerner viene a incendiar Lima

El maestro argentino tocará en el Teatro Segura la monumental obra de Isaac Albéniz, esa bestia sonora que convierte al piano en una procesión gitana, un tablao embrujado y una tormenta de vértigo. Una noche para escuchar cómo la música también puede arder.

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27/05/2026

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Redacción Lima Gris

Hay partituras que nacieron para agradar. Otras para presumir virtuosismo. Pero existen obras malditas, montañas musicales donde el pianista entra como hombre y sale convertido en sobreviviente. Iberia, de Isaac Albéniz, es una de ellas. Un animal de doce piezas donde el teclado deja de ser teclado y se vuelve callejón andaluz, taberna húmeda, campana lejana, tacón flamenco y humo de madrugada.

No es exageración. Entre pianistas, Iberia tiene fama de ogro. Una obra que no se toca: se pelea. Se suda. Se sangra. Por eso cada vez que alguien se atreve a entrar en ese laberinto de notas, el mundo clásico levanta la ceja. Y más todavía si quien la enfrenta es Nelson Goerner, uno de esos músicos que no necesitan hacer circo sobre el escenario porque llevan el huracán en las manos.

El próximo 15 de junio, el histórico Teatro Manuel A. Segura será el escenario de esa batalla. Goerner interpretará fragmentos de los Libros III y IV de Iberia: “El Albaicín”, “El Polo”, “Lavapiés”, “Málaga”, “Jerez” y “Eritaña”. Música que parece escrita por un demonio enamorado de España.

Porque Albéniz no compuso simples piezas costumbristas. Lo que hizo fue destilar un país entero dentro de un piano. Allí están los patios morunos sofocados por el verano, las cantinas con olor a vino barato, las procesiones nocturnas, los barrios gitanos y esa tristeza española que siempre baila aunque tenga el corazón roto. Escuchar Iberia es caminar por una España alucinada donde cada compás parece tambalear entre la fiesta y el abismo.

La dificultad técnica de la obra es legendaria. Velocidad feroz. Cruces imposibles de manos. Ritmos que cambian como cuchilladas. Colores sonoros que obligan al pianista a convertirse, al mismo tiempo, en percusionista, cantante y director de orquesta. Por eso muchos la respetan a distancia. No cualquiera se mete allí.

Goerner sí. Y lo hace además en uno de los mejores momentos de su carrera. Habitual invitado de salas como el Wigmore Hall, la Filarmónica de París o el Teatro de los Campos Elíseos, el argentino ha construido prestigio sin estridencias, lejos del marketing de las estrellas instantáneas. Su piano no busca aplausos fáciles; busca verdad.

Antes de llegar a Lima tocará junto a la Orquesta Filarmónica de São Paulo y luego regresará al mítico Teatro Colón. Después vendrán recitales en Europa junto a Martha Argerich, otra leyenda sudamericana del teclado.

El programa incluirá además obras de Johann Sebastian Bach y Franz Schubert. Pero la noche tendrá un centro inevitable: Iberia. Esa mole musical donde el piano deja de sonar elegante y comienza a respirar como un animal vivo.

Y quizá allí esté el secreto de esta obra inmensa. Que detrás de tanta dificultad no hay gimnasia para dedos privilegiados. Hay otra cosa. Hay memoria, calle, sudor, fantasmas. Hay música convertida en fiebre.

El dato:
Fecha: Lunes 15 de junio
Hora: 8 p.m.
Lugar: Teatro Segura (Jr. Huancavelica 265, Cercado de Lima)
Entradas: Ticketmaster

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Cultura

¡Día de las Lenguas Originarias! Más de 20 libros en lenguas indígenas disponibles en la Biblioteca Metropolitana de Lima

Títulos en quechua, aimara, harakbut y otras lenguas originarias estarán disponibles para el público en la Biblioteca Metropolitana de Lima.

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26/05/2026

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En el marco del Día de las Lenguas Originarias, que se conmemora cada 27 de mayo en el Perú, la Biblioteca Metropolitana de Lima pone a disposición del público una importante colección de 28 libros en lenguas indígenas u originarias. Esta acción reafirma el compromiso permanente de la comuna limeña con la preservación, valoración y difusión de la diversidad lingüística y cultural del país.

La colección se encuentra en la sede de la biblioteca, ubicada en el segundo piso del Museo Metropolitano de Lima (av. 28 de Julio 800, Cercado de Lima), y reúne más de veinte títulos especializados en quechua y sus variantes regionales, lengua harakbut y lenguas de la familia lingüística de los Uros de Puno, entre otras publicaciones dedicadas al estudio, enseñanza y revitalización de los idiomas originarios del Perú.



Entre los títulos disponibles destacan obras como Quechua para todos: básico, de Luis Páucar T.; Las lenguas del Perú, de Luis Andrade Ciudad; Curso de Quechua: 40 lecciones, de Mario Mejía Huamán; El Uro de la Bahía de Puno, de Rodolfo Cerrón-Palomino; y Neologismos en lenguas originarias: aproximaciones conceptuales y metodológicas, del Ministerio de Educación, entre otros importantes textos académicos y de enseñanza intercultural.

Esta iniciativa busca acercar a la ciudadanía a las 48 lenguas indígenas u originarias que aún se hablan en el territorio nacional y destacar la importancia de garantizar el acceso democrático al conocimiento y a la información en la lengua materna de los pueblos.

Contar con libros en lenguas originarias dentro de una biblioteca pública constituye una herramienta fundamental para la preservación del patrimonio cultural e inmaterial del país. La desaparición de una lengua implica también la pérdida de conocimientos ancestrales, tradiciones, formas de entender el mundo y memorias colectivas de las comunidades.



En ese sentido, la Biblioteca Metropolitana de Lima invita al público en general, estudiantes, investigadores, docentes y ciudadanos interesados en la riqueza lingüística del Perú a visitar esta colección especializada y sumarse a la reflexión sobre la importancia de proteger y fortalecer nuestras lenguas originarias.

Cabe señalar que el acceso a la bilbioteca es completamente gratuito, de lunes a viernes de 8:15 a. m. a 6:00 p. m., y los sábados de 9:00 a. m. a 2:00 p. m. Además de esta colección especializada, los visitantes podrán encontrar libros de literatura, matemáticas, ciencias naturales, ciencias sociales, entre otras áreas del conocimiento.

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Cultura

Novela “Taiwan Travelogue” hace historia al ganar el Premio Booker Internacional 2026

Una obra que entrelaza memoria, ferrocarriles y gastronomía convirtió a Taiwán en protagonista del escenario literario mundial al conquistar, por primera vez en su historia, el Premio Booker Internacional.

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25/05/2026

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La novela Taiwan Travelogue, de Yang Shuang-zi y traducida al inglés por Lin King, obtuvo el prestigioso International Booker Prize, convirtiéndose en la primera obra taiwanesa en alcanzar ese reconocimiento. El anuncio se realizó el 19 de mayo en Londres, en una ceremonia donde autora y traductora aparecieron juntas como símbolo de una literatura que, desde una isla marcada por tensiones históricas y políticas, ha comenzado a conquistar el escenario mundial.

El presidente de Taiwán, Lai Ching-te, celebró el galardón como una demostración del vigor cultural de la isla y de su capacidad para dialogar con el mundo a través de la memoria, la identidad y la creación artística. Destacó además que la novela —una delicada mezcla de historia, viajes ferroviarios y gastronomía— retrata un país resiliente, melancólico y profundamente humano.

Durante la ceremonia, Yang Shuang-zi sostuvo que la literatura taiwanesa está atravesada por una constante búsqueda de libertad e igualdad, y expresó su orgullo de representar a su país en uno de los escenarios literarios más importantes del planeta. Por su parte, Lin King reveló que, tras la invasión rusa a Ucrania, decidió concentrarse exclusivamente en traducir obras taiwanesas al inglés, convencida de que la literatura también puede convertirse en una forma de resistencia cultural y de afirmación frente al mundo.

El ministro de Cultura, Li Yuan, calificó el premio como “un regalo” para el sector cultural taiwanés. La editorial informó además que Taiwan Travelogue ya vendió derechos de traducción en 24 países y ha superado los 40 mil ejemplares vendidos en Taiwán, además de alcanzar más de 10 mil copias en Japón, Estados Unidos y el Reino Unido.

La presidenta del jurado, Natasha Brown, describió la obra como “fascinante, sutil y llena de ingenio”. Para diversos representantes culturales de la isla, este reconocimiento permitirá que más lectores internacionales descubran no solo la literatura taiwanesa, sino también la riqueza gastronómica, histórica y emocional de un territorio que, desde hace años, busca hacerse escuchar más allá de sus fronteras.

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Cultura

Quilca vuelve a respirar poesía en el corazón de Lima

El “II Festival Internacional de Poesía Quilca”, organizado por Fundación Yacana, reunirá durante seis semanas a voces peruanas y extranjeras en el viejo jirón donde alguna vez convivieron libreros, bohemios y rebeldes culturales. La inauguración incluirá la entrega del Premio Internacional de Poesía Javier Heraud, símbolo de una generación que convirtió la palabra en resistencia.

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22/05/2026

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Redacción Lima Gris

Hay calles que envejecen. Otras, en cambio, sobreviven como una obstinación de la memoria. Quilca pertenece a esta última especie. Entre librerías de viejo, cafés melancólicos y fantasmas de interminables discusiones literarias, el jirón más bohemio del centro de Lima volverá a convertirse en escenario de la palabra escrita con la realización del “II Festival Internacional de Poesía Quilca”, organizado por Fundación Yacana.

El festival se desarrollará todos los viernes, entre el 19 de junio y el 24 de julio, en el frontis de la histórica Casa Leguía, ubicada en la intersección de los jirones Quilca y Camaná, a escasos metros de la plaza San Martín. Desde las seis de la tarde hasta las nueve de la noche, el centro histórico limeño dejará atrás, aunque sea por unas horas, el ruido áspero del comercio y la prisa urbana para entregarse a ese viejo rito civilizador que es escuchar poesía en voz alta.

No se trata únicamente de un encuentro cultural. Hay en esta iniciativa algo más profundo: el intento de devolverle a Lima un espacio para la reflexión y la sensibilidad en tiempos donde la frivolidad y el ruido parecen haber colonizado casi todo. Quilca, que durante décadas fue refugio de escritores, estudiantes, periodistas y agitadores culturales, reaparece así como un territorio simbólico donde todavía es posible dialogar con las palabras.

La inauguración del festival, prevista para el viernes 19 de junio, tendrá además un momento especialmente significativo: la entrega del premio de tres mil soles al ganador del “III Concurso Internacional de Poesía Javier Heraud”, organizado por Fundación Yacana como parte de su política de promoción y defensa de la cultura. El nombre del certamen no es casual. Javier Heraud continúa siendo una de las figuras más conmovedoras de la poesía peruana: el joven escritor que entendió la literatura no como ornamento, sino como una forma intensa y radical de mirar el mundo.

El festival contará con la participación de destacados invitados internacionales como el poeta chileno Ronald Gallardo y la escritora colombiana Paola Ochoa Duque, cuyas obras han desarrollado una mirada crítica y contemporánea sobre América Latina. Junto a ellos estarán reconocidas voces peruanas como Marco Martos, Enrique Sánchez Hernani, Domingo de Ramos y Mary Soto, entre otros autores que han marcado distintas generaciones de la poesía nacional.

Cada jornada buscará convertir el espacio público en un escenario abierto para la literatura y el intercambio cultural. No habrá entradas ni barreras. Solo un puñado de sillas, micrófonos, libros y lectores reunidos en una ciudad que muchas veces parece haber olvidado la importancia de la belleza.

Porque acaso allí resida el verdadero sentido de este festival: recordar que la poesía no pertenece únicamente a los libros ni a las academias. También pertenece a las calles. Y pocas calles, en Lima, guardan tanta memoria literaria como Quilca.

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Cultura

Hugo Salazar Chuquimango y «El eterno retorno»

La nueva exposición del artista peruano en el ICPNA Lima Centro, convierte la pintura en un territorio de símbolos, visiones y tensiones espirituales. Inspirada en Nietzsche y Jung, la muestra propone una experiencia visual donde lo fantástico, lo religioso y lo psicológico dialogan en un mismo plano inquietante.

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22/05/2026

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Redacción Lima Gris

En tiempos donde buena parte del arte contemporáneo parece resignado a la velocidad, al gesto inmediato y a la complacencia decorativa, la pintura de Hugo Salazar Chuquimango avanza en dirección contraria: lenta, obsesiva, cargada de símbolos y atravesada por una inquietud que no busca tranquilizar al espectador, sino enfrentarlo consigo mismo. Su nueva exposición individual, El Eterno Retorno, presentada en el ICPNA Lima Centro, confirma esa voluntad de construir una obra al margen de las tendencias dominantes y profundamente comprometida con la exploración de los abismos interiores.

La muestra, instalada en el Espacio Juan Pardo Heeren, despliega un universo visual donde conviven referencias filosóficas, psicológicas y pictóricas dentro de una atmósfera que por momentos parece surgida de un sueño febril. Cada cuadro funciona como una especie de escenario mental en el que cuerpos fragmentados, figuras ocultas y apariciones ambiguas emergen entre capas de color y tensión expresiva. No hay aquí una narrativa lineal ni una explicación evidente. Lo que existe es una sucesión de imágenes que se atraen y se rechazan, como si pertenecieran a una ceremonia secreta cuyo sentido jamás termina de revelarse.

La obra de Salazar Chuquimango dialoga abiertamente con las huellas del surrealismo y del expresionismo, aunque evita caer en la simple cita o en la nostalgia académica. Sus pinturas absorben esas tradiciones para convertirlas en algo profundamente personal. El artista parece pintar desde una zona intuitiva, donde la razón pierde estabilidad y el símbolo adquiere una fuerza casi autónoma. El espectador no observa únicamente una composición: ingresa en una estructura psicológica donde cada elemento parece esconder otro significado.

El título de la exposición remite inevitablemente a Friedrich Nietzsche y a su idea del eterno retorno: la repetición infinita de la existencia como destino y condena. Pero las obras también dialogan con los estudios del psiquiatra Carl Gustav Jung sobre el inconsciente, la alquimia y los arquetipos. Desde esa intersección filosófica y espiritual, Salazar construye imágenes donde la realidad parece fragmentarse continuamente, como si múltiples dimensiones convivieran dentro de un mismo plano pictórico.

Uno de los aspectos más perturbadores de la exposición es el uso de figuras ocultas y composiciones que alteran la percepción del espectador. Hay rostros que aparecen solo después de una observación prolongada, cuerpos que se disuelven en manchas y escenas que mutan dependiendo de la distancia o de la luz. Esa estrategia convierte la contemplación en una experiencia activa, casi ritual, donde mirar implica también descifrar.

La muestra incluye además una relectura del Descendimiento de la Cruz del pintor flamenco Rogier van der Weyden, reinterpretado desde una sensibilidad contemporánea marcada por la fragilidad del cuerpo y la transformación de los símbolos religiosos en una época cada vez más secular y desencantada.

Como parte de las actividades de la exposición, el martes 26 de mayo a las 5:00 p. m. se realizará una visita guiada a cargo del propio artista y del curador Jorge Villacorta.

El Eterno Retorno podrá visitarse hasta el 28 de junio en el Espacio Juan Pardo Heeren del ICPNA Lima Centro, ubicado en el jirón Cuzco 446, Cercado de Lima, de martes a domingo entre las 10:00 a. m. y las 7:00 p. m. El ingreso es libre.

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Cultura

Privilegios en el Mincul: Directora de Museos viaja a China con comisión oficial y enlaza ocho días de vacaciones

Mientras la exposición “Oro, poder y eternidad en el Perú Antiguo” se desarrolló en Beijing del 16 al 20 de mayo, la directora de Museos, Blanca Margarita Alva Guerrero, viajó a China y enlaza vacaciones hasta el viernes 29. El Mincul designó temporalmente a Sonia Valentina Morales Gónzales, y habría normalizado privilegios y gollerías burocráticas.

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22/05/2026

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Redacción Lima Gris

La reciente emisión de la Resolución Directoral N° 000504-2026-OGRH-SG/MC vuelve a poner sobre la mesa una práctica recurrente dentro del Ministerio de Cultura; la flexibilidad extrema con la que determinados funcionarios de alto nivel administran sus tiempos laborales, permisos y beneficios, mientras la institución arrastra serias carencias operativas en museos y espacios patrimoniales del país. El documento, firmado por la directora general de Recursos Humanos, Aissa Odet Portilla Jaén, oficializa la designación temporal de Sonia Valentina Morales Gónzales como Directora de la Dirección General de Museos entre el 22 y el 29 de mayo de 2026, en adición a sus funciones habituales.

Resolución Directoral N° 000504-2026-OGRH-SG/MC.

La razón de dicha medida es que la titular del cargo, Blanca Margarita Alva Guerrero, solicitó hacer uso de su descanso físico vacacional precisamente durante esas fechas. Hasta ahí, podría tratarse de un procedimiento administrativo ordinario. Sin embargo, el contexto en el que se produce el pedido revela una situación que despierta cuestionamientos sobre el manejo de privilegios dentro del sector Cultura.

La funcionaria había sido previamente autorizada por la ministra Fátima Soraya Altabás Kajatt a viajar a la República Popular China entre el 14 y el 21 de mayo de 2026 para participar en la exposición “Oro, poder y eternidad en el Perú Antiguo”, desarrollada en Beijing del 16 al 20 de mayo. La autorización quedó formalizada mediante la Resolución Ministerial N° 000160-2026-MC, en la que se precisa además que los gastos de pasajes y viáticos serían cubiertos por la empresa Shanghai Youxiang Art Exhibitions and Exchange Development Co. Ltd., por lo que la comisión de servicios no generaría costos para el Estado peruano.

Resolución Ministerial N° 000160-2026-MC que autorizó viaje de la directora de Museos a la ciudad de Beijing.

Pero el problema no radica únicamente en quién financia el viaje oficial, sino en lo que ocurre inmediatamente después. Apenas culmina la comisión de servicios el 21 de mayo, la directora General de Museos solicita vacaciones hasta el viernes 29 de mayo. Es decir, enlaza una misión oficial en China con ocho días consecutivos de descanso personal. La coincidencia temporal inevitablemente abre interrogantes sobre si el viaje terminará efectivamente en la fecha prevista, o si el periodo vacacional servirá para prolongar su permanencia en territorio asiático.

La interrogante adquiere mayor relevancia considerando que la resolución ministerial establece que el pasaje aéreo internacional era cubierto por la empresa organizadora del evento cultural. Si el boleto de retorno estaba programado para el jueves 21 de mayo y la funcionaria optara por permanecer en China durante sus vacaciones, surge entonces una duda legítima: ¿quién asumiría el costo del nuevo pasaje de retorno? ¿La propia funcionaria, o finalmente el Estado peruano terminaría absorbiendo ese gasto?

Aunque solicitar vacaciones constituye un derecho laboral plenamente reconocido, la discusión de fondo apunta a los criterios de oportunidad y razonabilidad con los que el Ministerio de Cultura viene administrando este tipo de permisos. No se trata solamente de cumplir procedimientos formales, sino de evaluar si determinadas decisiones responden realmente a los intereses institucionales, o más bien terminan acomodándose a las conveniencias personales de altos funcionarios.

Los considerandos de la Resolución Directoral N° 000504-2026-OGRH-SG/MC firmada por la directora general de Recursos Humanos, sostienen que la designación temporal se realiza “a fin de garantizar la continuidad del servicio”. Asimismo, se invoca el numeral 6.3.3 de la Directiva N° 000005-2025-SG/MC, aprobada mediante Resolución de Secretaría General N° 000450-2025-SG/MC, donde la Oficina General de Asesoría Jurídica señala que corresponde continuar con la tramitación de la designación temporal de funciones. Todo ello bajo el marco de la Ley N° 29565. Es decir, desde el punto de vista administrativo, el procedimiento parece encontrarse correctamente sustentado.

No obstante, la legalidad de un acto no necesariamente elimina el debate ético y político que genera. En una institución golpeada por limitaciones presupuestales, déficit de personal especializado y múltiples necesidades urgentes en museos y sitios arqueológicos del país, este tipo de situaciones alimenta la percepción de que existe una élite burocrática con facilidades difíciles de imaginar para el resto de trabajadores públicos.

Mientras numerosos espacios culturales sobreviven con recursos mínimos y trabajadores sobrecargados, algunos altos funcionarios parecen gozar de una dinámica marcada por viajes internacionales, encargaturas inmediatas y permisos concedidos sin mayor resistencia. La sensación de desigualdad interna se profundiza cuando se observa que muchas de estas decisiones benefician precisamente a quienes perciben los salarios más elevados dentro del aparato estatal.

La propia resolución firmada por la ministra Fátima Soraya Altabás Kajatt establece que, dentro de los quince días calendario posteriores a su retorno, Blanca Margarita Alva Guerrero deberá presentar un informe detallado sobre las actividades realizadas y los resultados obtenidos durante la comisión de servicios en Beijing. Habrá que esperar entonces si dicho informe logra justificar plenamente la utilidad institucional del viaje y disipar las dudas sobre la conveniencia de encadenar inmediatamente unas vacaciones personales.

Por ahora, el episodio vuelve a dejar una imagen incómoda para el Ministerio de Cultura; la de una entidad donde ciertas gollerías administrativas parecen funcionar con sorprendente fluidez para algunos funcionarios, aun cuando la realidad cotidiana del sector cultural peruano dista mucho de ser privilegiada.

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Cultura

Apuntes culturales: Francisco González Gamarra vuelve al Cusco

Lee la columna de Pavel Ugarte Céspedes

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21/05/2026

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Pavel Ugarte En la fotografía el amauta cusqueño Julio A. Gutiérrez Samanez junto al retrato del "Angel Negro del Cusco", Agustín Gamarra, ancestro del pintor.

Fotografías de la exposición: Miroslaw Rajter
Imágenes de los cuadros: Repositorio del Centro Cultural de la Universidad de Piura.

Sólo el Taytacha de los Temblores, sabe con exactitud por qué extraños designios el pintor que dio rostro al Inca Garcilaso tuvo que alejarse de su tierra natal, casi a la misma edad en que el propio cronista mestizo partió del Cusco hacia otro destino. Motivo de ello vivió toda su vida en la nostalgia, la expresión más pura de sus óleos, sus acuarelas y sus composiciones musicales.

El Cusco vive un momento histórico para su memoria cultural el 18 de mayo, y fue tan importante como el retorno de las cenizas del Inca Garcilaso el 25 de noviembre 1978, o los restos de Grimanesa Matto Usandivaras, “Clorinda Matto de Turner”, el 20 de diciembre de 2010.

HIMNO DEL SOL (1931) Óleo sobre lienzo (72.7 cm x 137.3 cm).

Respeto profundamente la historia del arte, y no pienso inmiscuirme en esa disciplina, pero quiero realizar una invitación a la observación de la obra de este “qosqoruna” trotamundos que tanto tiene que decir de la identidad peruana. Quiero verlo desde la poesía, entendida como imagen viva: una forma de sentir, descifrar, tocar e incluso respirar aquello que el artista deja suspendido en sus obras. Quiero verlo desde la antropología, que persigue la cosmovisión del hombre andino creando el símbolo. El símbolo de Gonzáles Gamarra es el Cusco y por ello nos permite comprender el tejido sociocultural desde donde emerge y se proyecta su creación y sensibilidad. Desde ambos angulares, el arte de Gonzáles Gamarra es un ejercicio de la técnica labrada por el oficio y la inspiración germinal del Mundo Andino. Los periodos históricos que aborda en su pintura, son motivo de exigente investigación y compromete al Cusco contemporáneo con su memoria artística.

Gracias a los estudios preliminares de María Llana Peralta, Coordinadora de Patrimonio Cultural de Universitario de la Universidad de Piura y Enrique Banús Irusta, Director de Patrimonio Cultural Universitario en la misma casa de estudios sabemos que: “la trayectoria del artista se encuentra profundamente ligada a la ciudad que lo vio nacer y donde comenzaron a formarse sus primeras inquietudes intelectuales y estéticas”. Esa afirmación, más que una referencia biográfica, parece revelar el núcleo espiritual de toda su obra: González Gamarra nunca abandonó realmente el Cusco, porque el Cusco permaneció siempre pintando dentro de él.

CAMBIO DE VARAS (SIGLO XX) Óleo sobre lienzo (268.7 cm x 198 cm).

Su juventud coincidió con un momento decisivo para la historia cultural peruana. A inicios del siglo XX, el antiguo ombligo del mundo andino volvía a convertirse en el centro de una intensa búsqueda intelectual. La Reforma Universitaria de la San Antonio Abad en 1909, el descubrimiento “científico” de Machu Picchu en 1911, las investigaciones arqueológicas, el redescubrimiento del drama Ollantay, la relectura del Inca Garcilaso de la Vega, el nacimiento de instituciones como el Centro Qosqo de Arte Nativo (1924), la Sociedad Pro Cultura Clorinda Matto de Turner (1927) y el Instituto Americano de Arte del Cusco (1937), entre otras expresiones,  despertaron una nueva conciencia sobre el pasado andino y su lugar en la memoria nacional.

En medio de ese despertar cultural aparece Francisco González Gamarra, no solo como pintor, sino como un intérprete visual de aquella gran conversación entre historia, arte y memoria. Hay en sus cuadros una voluntad casi ceremonial de devolver dignidad a los personajes que habitan la historia peruana. El Incanato cósmico dando mucho que enseñar, sin chauvinismo ni hispanismo. “Garcilaso”, un rostro que busca identidad como el mismo Perú. José Gabriel Túpac Amaru y Micaela Bastidas buscando justicia. Bolívar, “Pancha” Zubiaga, y Agustín Gamarra, “El Ángel negro del Cusco” en las trifulcas de los primeros años de la Independencia son también motivo de inspiración para el pintor.

En la fotografía el autor de esta crónica y el maestro Theo Tupayachi, Director de la Orquesta Sinfónica del Cusco y estudioso de la obra musical -casi desconocida- de Francisco Gonzales Gamarra.

Gracias al Dr. Enrique Banús, sabemos más de su obra como también de las acuarelas que desde el 30 de mayo de 2026 se expondrán en la Sociedad Pro Cultura Clorinda Matto de Turner, con el mismo motivo, el Corpus Christi.

Esta exposición revela cómo el artista entendió que la cultura andina no sobrevive únicamente en los monumentos, sino en los rituales, en la fiesta, en los actos, en la música (que también compuso), en la vestimenta y en las formas colectivas de recordar. Por eso sus escenas del Cusco, la “coronación” de Bolívar, el Corpus Christi o la paradójica figura del “Taytacha de los Temblores”, entre Garcilaso y Agustín Gamarra poseen una fuerza tan singular: retratan la persistencia de una estructura simbólica donde la comunidad reafirma su vínculo con el tiempo sagrado. Eso es el Cusco, nos los dice el Lunes Santo, nos lo dice Qoyllurit’i, nos los dice Señor de Huanca.  

Pero junto a esta dimensión histórica y social, existe también una profunda poesía visual. González Gamarra construye un Cusco suspendido entre la tierra y el mito. Sus cielos están cargados de relatos; sus personajes poseen la quietud solemne de quienes pertenecen simultáneamente al pasado y al presente. En obras como “Garcilaso adolescente”, la transmisión cultural se vuelve imagen: el anciano Inca entrega al niño mestizo una memoria que asciende hacia las nubes y se transforma en eternidad.

En otras pinturas, como “Himno al Sol” o las escenas inspiradas en el “Escenografía drama Ollantay”, el mundo andino adquiere una dimensión casi cósmica, donde la luz, la arquitectura y la ceremonia forman parte de un mismo orden espiritual. Como señala el catálogo que invita a la exposición: “Durante su estancia en Estados Unidos, en la década de 1920, Francisco González Gamarra escribió el artículo América arcaica inspira la nueva moda decorativa, texto que condensaba las principales ideas de su tesis de bachiller, De arte peruano, presentada en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1915. En este trabajo reunió una vasta recopilación de motivos e iconografías prehispánicas, revelando no solo un temprano interés por el pasado andino, sino también una visión moderna que buscaba incorporar la estética ancestral del Perú a los lenguajes artísticos contemporáneos”.

SUMO SACERDOTE (1930) Óleo sobre yute 199.8 cm x 135.3 cm.

Apunto un detalle, la obra de Francisco González Gamarra no se limita únicamente al plano estético o decorativo. Su aproximación al mundo andino revela también un profundo manejo cognoscitivo y simbólico de categorías fundamentales del pensamiento quechua, como el yanantin y el masintin, entendidos como principios de complementariedad entre opuestos.

En la “Escenografía del drama Ollantay” puede apreciarse con claridad este manejo simbólico a través de la presencia de los tokapus, pero también en la manera en que los personajes y los espacios son organizados dentro de la composición pictórica. No se trata solo de equilibrio visual: existe una lógica dual que articula masculino y femenino, cielo y tierra, individuo y comunidad, memoria y ritualidad. Un lenguaje que no se escribe como otras lenguas, pero se puede leer lo cual nos permite decir que las culturas andinas sí tuvieron escritura, no fueron “ágrafas”.

González Gamarra parece comprender el quechua polisemántico, donde las palabras contienen múltiples dimensiones de sentido. Términos como “pacha”, no aluden únicamente a la tierra o “Madre Tierra”, sino también al tiempo, al espacio y al universo como una totalidad integrada. Esa concepción aparece condensada en cuadros como “Sumo Sacerdote”, “Inca y el joven Garcilaso”, o “Alegoría del Cusco”. El Cusco es un lugar ritual en su pintura que adquiere una dimensión cósmica y comunitaria.

EL CARGUYOQ DE SAN JUAN (1931) Óleo sobre lienzo 199.7 cm x 99.8 cm.

En estas composiciones, las mujeres no aparecen relegadas a un espacio secundario, sino que participan activamente del acto ceremonial como en el caso de “Cambio de varas”. Francisca Zubiaga también está registrada (aunque de forma extraña, motivo de otra observación), reafirmando una estructura dual y complementaria propia del pensamiento andino.

González Gamarra no solo reconstruye escenas históricas o tradicionales, sino que traduce visualmente categorías filosóficas y simbólicas del universo quechua, convirtiendo el lienzo en un espacio donde la memoria cultural y la cosmovisión andina continúan dialogando con el presente.

Quizá por ello esta exposición posee el carácter de un regreso. Después de décadas, Francisco González Gamarra vuelve al Cusco entre las piedras silenciosas de la ciudad que marcó su sensibilidad. Regresa no únicamente como artista, sino como testigo de una época en la que el Perú buscaba reencontrarse con sus raíces, pintarse un rostro.

Un apunte que comulga con este momento, gracias a los estudios del amauta cusqueño Julio A. Gutiérrez Samanez: “En 1939, con motivo del cuarto centenario del nacimiento del Inca Garcilaso de la Vega, mi padre, el escritor Julio G. Gutiérrez, destacado estudioso de la obra del cronista mestizo, publicó en la revista Expresión Nacional un artículo que despertó gran interés en los círculos intelectuales de la época. El texto daba a conocer el hallazgo realizado por el padre Ambrosio Morales en un cuadro de la Virgen Inmaculada del convento de Santo Domingo, donde aparecía una inscripción que decía: “A la devoción de Gómez Suárez de Figueroa y ing., año de 1556”.

El artículo llevaba por título “Presunto retrato del Inca Garcilaso de la Vega” y proponía la posibilidad de encontrarnos ante una representación del “Inca en su adolescencia”, cuando aún llevaba el nombre de Gómez Suárez de Figueroa. Décadas más tarde, este hallazgo volvería a generar debate y atención en el ámbito cultural peruano. El suplemento dominical de El Comercio de Lima, en su edición del 24 de marzo de 1968, retomó el tema y abrió nuevamente la discusión sobre la autenticidad y el valor histórico de dicho retrato.

Poco después, el 5 de abril de ese mismo año, el eminente garcilasista Aurelio Miró Quesada publicó el artículo El supuesto rostro del Inca Garcilaso, donde examinó con rigor las posibilidades de certeza histórica en torno a aquella imagen atribuida al joven cronista cusqueño.”

Más allá de la polémica documental, este episodio revela hasta qué punto la figura del Inca Garcilaso continúa habitando la memoria cultural del Perú, no solo como escritor e historiador, sino también como símbolo vivo del mestizaje intelectual y espiritual que define buena parte de nuestra identidad, todavía en construcción. El racismo peruano no permite sentirnos parte de una misma historia y un propositivo futuro.

Esta muestra, organizada por la Dirección de Patrimonio Cultural Universitario de la Universidad de Piura y la Dirección Desconcentrada de Cultura del Cusco, a través del Museo Histórico Regional del Cusco, Casa del Inca Garcilaso, representa un acto de restitución simbólica. No solo devuelve la obra de González Gamarra a su ciudad natal, sino que permite que el Cusco vuelva a reconocerse en las imágenes que durante décadas ayudaron a construir su rostro de piedra, de lluvia y de historia.

Alta noche andina en el Cusco, sideral ha sido la conversación que me exigía transcribir la apreciación de escritoras como Karina Pacheco, artistas como Carlos Hurtado y lingüistas como Miroslaw Rajter. La obra pictórica de Gonzales Gamarra nos recuerda por qué nos sentimos  cusqueños, por “tawantinsuyanos”, por “garcilasistas”, por “túpacamaristas”, por “independentistas”, por fervientes devotos del “Señor de los Temblores” que nos permite recordar que vivimos a la vera de los Apus, con la fuerza de los ríos, polemizando y amando las fuerzas indomables de la naturaleza.

Quizá por eso esta exposición tiene algo de reencuentro. Después de décadas, Francisco González Gamarra vuelve al Cusco entre las mismas campanas, las mismas sombras y las mismas luces que alimentaron su imaginación. Regresa convertido en puente entre épocas distintas del Perú. Y mientras sus cuadros vuelven a habitar esta ciudad antigua, pareciera que el Cusco también vuelve a reconocerse a sí mismo: mestizo, ceremonial, histórico y profundamente andino.

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