El comportamiento del consumo interno —bordea anualmente los dos litros por persona—, la competencia de las bebidas importadas y la capacidad del empresariado para generar valor agregado serán factores medulares de cara al futuro del sector. ¿Por qué?

¿Un salto que reescribe la tendencia?

La verdadera prueba de consolidación no es únicamente cuánto vino se produce, sino cómo colocarlo con éxito fuera del país. Según recaba ADEX Data Trade, entre enero y marzo de 2026, las exportaciones de vino del Perú registraron una intensidad poco vista en los últimos años.

En detalle, sumaron US$ 1.88 millones FOB, frente a apenas US$ 371,868 FOB en el mismo periodo de 2025. En otras palabras, los envíos se multiplicaron por más de cinco y registraron un crecimiento de 405% interanual.

Hasta el año anterior, la historia exportadora de esta bebida era otra: había estado marcada por repliegues puntuales, tal como lo muestra el cuadro contiguo con información de la Sociedad Nacional de industrias (SNI).

Incluso Jorge Picasso, vicepresidente del Comité Vitivinícola del gremio, resumió el comportamiento anual: “La exportación del vino ha ido a la baja, ya que ha presentado una contracción, entre 2021 y 2025, de 11.8% en valor y de 35% en litros”.

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