Esta especie es el vertebrado más longevo, con una larga esperanza de vida, por lo que podría ayudar a responder muchas preguntas sobre el envejecimiento.

El tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus) posee uno de los récords más sorprendentes del reino animal. Este habitante de las frías aguas del Atlántico, según las estimaciones científicas, supera en algunos ejemplares los 400 años de vida e incluso podría acercarse a los 500. Su extraordinaria longevidad ha convertido a esta especie en un tema de estudio para comprender mejor el envejecimiento.
Una investigación difundida por el Instituto Leibniz de Investigación sobre el Envejecimiento y publicada en la revista Aging Cell reveló nuevos detalles sobre el funcionamiento de su corazón. Los resultados mostraron que este órgano presenta señales normales del paso del tiempo, pero conserva su capacidad para cumplir sus funciones, una característica que despierta el interés de los especialistas.
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El corazón único del tiburón de Groenlandia
Los científicos analizaron el tejido cardíaco de esta especie y lo compararon con el de otros peces, entre ellos el killi turquesa, conocido por su corta esperanza de vida, y el tiburón espinoso negro, un pariente de aguas profundas que vive alrededor de 10 años.

El estudio identificó cambios celulares y moleculares asociados con la edad, similares a los que aparecen en otros vertebrados. Sin embargo, los investigadores comprobaron que estas alteraciones no provocan una pérdida significativa de las funciones del corazón. En otras palabras, el órgano mantiene su rendimiento a pesar del desgaste acumulado durante siglos.
Los expertos consideran que esta resistencia biológica podría aportar información valiosa para comprender los procesos del envejecimiento saludable en otras especies, incluidos los seres humanos.
Hasta 150 años de espera para reproducirse
Además de su longevidad, este escualo destaca por su desarrollo extremadamente lento. Su crecimiento apenas alcanza un centímetro por año y necesita cerca de 150 años para llegar a la madurez reproductiva.
La especie habita aguas profundas y gélidas del Ártico y del Atlántico Norte. También se caracteriza por sus desplazamientos pausados, con velocidades cercanas a los 30 centímetros por segundo. Estas condiciones, junto con mecanismos biológicos aún poco conocidos, podrían explicar por qué este gigante marino se ha convertido en el animal vertebrado más longevo del planeta.
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