
Una investigación presentada por especialistas del Ministerio del Ambiente (Minam) confirmó que el Perú es el centro de origen y domesticación del pallar, una de las leguminosas más representativas de la agricultura y gastronomía nacional. El hallazgo fue dado a conocer durante la presentación de un estudio sobre la diversidad genética del frijol, el pallar y sus parientes silvestres, realizado tras más de tres años de trabajo de campo en distintas regiones del país.
Los resultados revelan que antiguas poblaciones asentadas en territorio peruano transformaron especies silvestres en las variedades de pallar que actualmente se consumen dentro y fuera del país. El descubrimiento también refuerza el vínculo histórico de esta leguminosa con el Perú, incluso en mercados internacionales donde es conocida como “Lima Bean”.
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Lambayeque conserva evidencias del origen ancestral del pallar
Uno de los hallazgos más relevantes de la investigación se encuentra en el Refugio de Vida Silvestre Laquipampa, ubicado en el distrito de Incahuasi, en Lambayeque. En esta zona fueron identificadas poblaciones de frijoles silvestres que los especialistas consideran evidencia directa del proceso de domesticación desarrollado por antiguos habitantes de los Andes peruanos.
Según los investigadores, estas especies representan el punto de partida de una transformación agrícola iniciada mucho antes del Imperio inca. El estudio identificó siete especies del género Phaseolus, grupo al que pertenecen tanto los frijoles como los pallares, incluidas variedades domesticadas y especies silvestres exclusivas del territorio peruano.
Además, la investigación destaca el aporte de culturas prehispánicas como los Mochica y Sicán, que perfeccionaron técnicas de selección de semillas y contribuyeron a la amplia diversidad genética que caracteriza a estas leguminosas.
¿Por qué el mundo conoce al pallar como “Lima Bean”?
El estudio también explica el origen del nombre con el que el pallar es conocido en países de habla inglesa. De acuerdo con los especialistas, cuando los españoles llevaron esta leguminosa a otros continentes durante la época colonial, era identificada por su procedencia desde el puerto de Lima.
Con el paso del tiempo, esa referencia geográfica dio origen al término “Lima Bean”, una denominación que continúa utilizándose hasta la actualidad y que constituye una evidencia histórica de sus raíces peruanas.
Los investigadores resaltan que esta riqueza genética no solo tiene valor cultural y gastronómico, sino también estratégico para el futuro de la agricultura. Las especies silvestres conservan características que podrían ser utilizadas para desarrollar cultivos más resistentes a sequías, altas temperaturas y otros efectos asociados al cambio climático.
Por ello, parte de las semillas recolectadas durante la investigación ya forman parte del banco de germoplasma del Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), donde serán preservadas como un recurso clave para la seguridad alimentaria de las próximas generaciones.
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