Al 96% del cómputo electoral, Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, ganaría la presidencia por aproximadamente 51% de votos frente a Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, con 49%, alrededor de 20,000 votos de diferencia.

Las modificaciones constitucionales otorgan al Senado mayor peso político que al Poder Ejecutivo, pudiendo vacar al presidente sin que pueda ser disuelto. Es herencia fujimorista la ruptura del equilibrio de poderes.

Por ello, si JP plantea propuestas válidas y posibles para lograr mejorar las condiciones de vida de la mayoría, corresponde a las otras fuerzas, de llamarse democráticas, terminar con privilegios innecesarios y dejar gobernar.

Tras un largo proceso de polarización, producto de extremas desigualdades y discriminación, requerimos reconstruir la confianza ciudadana en las instituciones. Empecemos aceptando el resultado electoral y avancemos para acabar con la inestabilidad política. Recordemos que el actual Congreso tiene 90% de desaprobación.

Este resultado electoral obliga a seguir atentamente la población regional y rural que expresa, reiteradamente, su exigencia por un Gobierno y Estado que atienda sus necesidades básicas y, sobre todo, reconozca su condición ciudadana. No son solo leyes, es ejercicio de derechos y obligaciones en condiciones de igualdad y equidad.

La votación de Sánchez reivindica a Pedro Castillo elegido el 2021, preso por un delito imposible y vacado inconstitucionalmente. Representa la voz de los discriminados reclamando su derecho constitucional a ejercer el gobierno. Los dueños del Perú ejercieron más de 200 años el poder. Es hora de que se gobierne para las mayorías, todos somos peruanos.

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