En entrevista con Gestión, el vocero abordó los componentes de la estrategia que le permitirá a nuestro territorio mantenerse en el podio de los agroexportadores mundiales.
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Procesados en subida
—¿El top 5 de la canasta agroexportadora del Perú se mantiene o hay algún otro producto que está acercándose?
Si bien tenemos cinco productos principales: la uva, la palta, el arándano, el mango y los cítricos; la granada tiene una buena perspectiva. A agosto de este año se han exportado US$ 115 millones [el año pasado fueron US$ 84 millones] y estamos por abrir el mercado chino. Hay que ver las condiciones que ese país nos pone para establecer los protocolos.
Otro producto interesante es el banano orgánico: entre el 95% y el 98% proviene de la pequeña agricultura, principalmente de Piura y Tumbes. Falta poco para abrir el mercado en Argentina.
Otro producto que se está promocionando es la frambuesa, aunque, por la lejanía, probablemente sea una alternativa de frutas congeladas.
— ¿La agroindustria se está empeñando en el desarrollo de nuevas líneas, como procesados, congelados o snacks saludables?
Sí. Se ha incrementado en 38% la producción de procesados de frutas y hortalizas, lo que comprende congelados y conservados. Puntualmente, a agosto del año pasado, se exportaron US$ 767 millones; y hasta agosto de este año estamos en US$ 1,059 millones. El crecimiento de esta industria es importante y es porque hemos abierto mercados: China ha sido clave.
Cuando hay mercado, las empresas equilibran su producción y destinan una parte para fresco y otra para congelado. Es cierto que la mayoría se concentra en fresco; sin embargo, en función del mercado, van habilitando infraestructura para cubrir la demanda.
—Y sobre cuidar la producción, ¿qué tan vulnerables siguen siendo los cultivos peruanos frente a los fenómenos climáticos, como El Niño o la escasez hídrica? ¿Cómo se están preparando las empresas para los próximos años?
El tema del clima ha derivado en situaciones atípicas. Las empresas van tomando sus previsiones. Las que están cerca de embalses o de ríos trabajan en drenaje o protección ribereña, y, cuando hay poca agua, tratan de tener una dotación que, por lo menos, les permita dosificarla.
La que sí sufre es la pequeña agricultura para el mercado local, o la pequeña agricultura que de alguna manera exporta en algunas cadenas que son todavía débiles y no tienen garantías frente a la destrucción de su cultivo. Por ello, es relevante el diseño de un seguro catastrófico para la pequeña agricultura. Eso debería ser un esfuerzo del Gobierno.
—¿AGAP está liderando alguna propuesta vinculada a dicho seguro?
Ahora estamos viendo qué instrumentos hay en otras partes del mundo (como Guatemala o México) y qué es lo que tenemos aquí en Perú. Estamos en evaluación para hacer, en los próximos meses, una propuesta. No es fácil, involucra mucho presupuesto, pero estamos buscando una alternativa más equilibrada.
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