El próximo lunes 15 de junio, el reconocido músico argentino Nelson Goerner estará en el Teatro Segura ofreciendo un repertorio compuesto por obras de Bach, Schubert y Albéniz. Será un recital de piano solo.

El pianista argentino Nelson Goerner atraviesa uno de los momentos más importantes de su trayectoria. Lo suyo es la exigencia del repertorio clásico en piano, al que ha sumado una personalidad propia. Para tocar el piano, instrumento cargado de sensibilidad, no solo basta destreza para la ejecución, sino también una entrega emocional. De esta manera, se ha posicionado como uno de los pianistas clásicos imprescindibles de nuestro tiempo. Goerner conversó con La República.
—¿Cómo se renueva uno ante el reconocimiento?
—Me parece que hoy por hoy estoy menos dependiente de lo que es la carrera artística. Es decir, creo que tengo mi lugar en el mundo pianístico, y estoy muy contento con eso, de poder expresarme, llegar con la música de los grandes autores a través de mi personalidad a los diferentes públicos del mundo, y estoy menos pendiente quizá de lo que sería el reconocimiento como cuando uno es más joven. En esa época se suele estar muy pendiente y mirando hacia fuera, y tal vez no se mira tanto hacia dentro y no sale tu verdadera voz, muchas veces porque estás pendiente de la reacción del afuera.
—Tu estilo está signado por una fuerte fidelidad al repertorio y por una búsqueda interpretativa personal. ¿Cómo un artista se protege de las tendencias musicales, ni de las que ni siquiera se salva el registro clásico?
—Sí, ha sido muy importante proteger ese espacio donde se juega lo personal, la búsqueda interpretativa que parte desde uno mismo, desde tu interior. Y yo creo que el llegar a eso y el lograrlo, el plasmarlo en tus interpretaciones, es algo que forma parte de la esencia misma de lo que debe ser un intérprete. Siempre me quedó así muy fuertemente grabado lo que decía Schumann, lo que él aconsejaba a los jóvenes músicos. Él les aconsejaba no preocuparse tanto por la carrera, sino por crecer artísticamente, por convertirse cada día en artistas más grandes y que lo demás, el reconocimiento y todo aquello que llamamos carrera, entre comillas, sería una consecuencia de eso y creo mucho en eso.
—El concierto que ofrecerás en Lima lo iniciarás con una pieza compleja, con la 'Toccata BWV 911' de Bach. ¿Qué lugar ocupa Bach en tu dimensión musical?
—Bach siempre ocupó un lugar preponderante en mi formación y en el desarrollo de lo que soy hoy como músico. A pesar de que hubo un periodo en el que me aparté un poco de él, porque no lo tocaba mucho en concierto, nunca dejé de estudiarlo y me encanta abrir el recital en Lima con esa toccata porque es tan fabulosa; tiene esa complejidad, tiene nada menos que dos fugas. Hay complejidad estructural, pero también empeño virtuosístico y también un adagio que son solo dos páginas, pero que son de gran belleza. Bach siempre ha estado presente, siempre.

—También tocarás la 'Sonata D. 958' de Schubert. La compuso en la última etapa de su vida, en 1828. ¿Qué lo hace tan contemporáneo?
—La sonata en do menor de Schubert es sin duda una de las obras más dramáticas escritas por él, de mayor tensión emocional, y creo que justamente lo que plasma Schubert en esa obra y todo lo que él expresa con tanta fuerza, con tanta pasión; con ese dramatismo, pero también con tanto lirismo, con momentos hasta de resignación hacia lo que es el destino del hombre, nuestro destino, hace que tenga una vigencia impresionante, increíble. Esas obras que tienen semejante densidad nos hablan hoy por hoy a cada uno de nosotros.
—Llevas muchos años viviendo en Europa. ¿Cuánto esta experiencia ha influido en tu obra?
—Realmente ha influido enormemente porque yo me formé en Argentina. Tuve la suerte de tener grandes maestros allí. Venían todos de la escuela de Vincenzo Scaramuzza, quien fue uno de los grandes maestros de piano del mundo, y con ese bagaje que ya tenía a los 18 años me vine a Europa. Martha Argerich ha sido fundamental y lo sigue siendo. En Italia estudié con Maria Tipo, una pianista realmente de las más grandes que he tenido la oportunidad de escuchar en público. Ella justamente hacía hincapié en la solidez de la formación que yo había recibido. Y pudo, por supuesto, y lo hizo con creces, agregar muchos aspectos más. Entonces se puede decir que, en lo que soy, hay una fusión de dos mundos y que los dos conviven dentro de mí a diario. Me siento profundamente argentino y a la vez ciudadano del mundo porque la carrera del artista te lleva a eso, te lleva a tratar de apropiarte del lugar donde estás, tratar de fusionar con este para que pueda dar lo mejor de ti en el concierto.
—¿Te consideras un desarraigado?
—El desarraigo, sí, es un tema real y algunos, por supuesto, lo viven con más intensidad que otros. A mí me costó bastante. Yo estaba muy acostumbrado a la vida familiar y cuando llegué a Europa a los 18 años, tuve que seguir ese camino solo. Me considero un privilegiado de estar haciendo música constantemente, de poder vivir de la música que hago: no solo que puedo vivir materialmente, sino también desde el punto de vista espiritual. Puedo decir que mi vida no tendría sentido sin hacer lo que hago. Realmente es una vocación y eso hace que el desarraigo pase tal vez a un segundo plano, también porque sentís que tus raíces están siempre, nunca las perdí.
Dato:
Entradas en Ticketmaster: entre S/39 y S/234. Teatro Segura. Lunes 15 de junio.
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