José Domingo Pérez, elevado a categoría de “mártir de la justicia”, por cierta prensa que sustenta su oficio en la obsesión monotemática antifujimorista, ha dado un mensaje público, combatiendo ferozmente a Jorge Nieto por haber sustentado en un medio que Juntos por el Perú tiene diputados y senadores electos vinculados al Movadef (brazo político de la agrupación subversiva Sendero Luminoso, que ciertamente ha renunciado a la lucha sanguinaria y al derramamiento de sangre y ha optado por la “lucha democrática”, pero que no se arrepiente ni condena los crímenes atroces de esa agrupación). Pérez, que muestra un trastorno obsesivo compulsivo con el fujimorismo, ha respondido que Nieto sea “más Nieto y menos Montesinos”, además que iniciará contra él una denuncia por difamación agravada. ¡Como un forúnculo que no da más, Pérez ha estallado con la purulencia verbal que lo distingue! De llegar al poder, Pérez iniciaría una terrible persecución judicial contra disidentes políticos y la hostilidad hacia adversarios ideológicos se intensificaría hasta niveles inimaginables. Sería como un macartismo, pero en versión peruana. Con el senador estadounidense Joseph McCarthy, entre 1950 y 1956, se inició una feroz persecución política contra sospechosos de afiliación comunista. Los denunciados eran estigmatizados mediáticamente. En cambio, con el exfiscal desenfrenado, ocurriría algo peor, pues la persecución no quedaría en juicios mediáticos o en difamaciones públicas, sino en procesos judiciales. En Juntos por el Perú, los radicalismos se han integrado perfectamente, consolidando vínculos políticos del todo nocivos. El resentimiento y la sed de venganza, son la base de esta agrupación política.

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