Este Búho se toma un respiro luego de meses intensos de cobertura de la campaña presidencial. Por eso navego por Netflix y busco sus producciones más vistas, y me topo con ‘Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer’.
La biografía del asesino, violador, descuartizador y caníbal estadounidense se posicionó en 2022 como la más vista en la historia de la plataforma de videos, superando incluso a ‘El juego del calamar’.
Las historias perturbadoras, sórdidas y oscuras siempre despertarán la curiosidad del ser humano. ¿Por qué? Por muchos factores, entre ellos porque retan nuestro límite de tolerancia a la violencia o porque nos recuerdan que un psicópata puede estar viviendo en nuestra propia casa y difícilmente nos daríamos cuenta.
Es así como sucedió con Jeff Dahmer, apodado el ‘Caníbal de Milwaukee’. Durante muchos años cometió sus crímenes sin que nadie sospechara. Era un hombre introvertido, silencioso, tímido, para sus vecinos. Pero detrás de su puerta, entre cuatro paredes, poseía una personalidad sanguinaria, capaz de masturbarse ante los cuerpos mutilados de sus víctimas.
Descuartizaba personas, los fotografiaba y esas imágenes las guardaba en su mesa de noche. Conservaba cráneos y órganos en su refrigeradora. Disolvía los cuerpos en un barril con ácido y dormía al lado sin problema. ¿Pero cómo se creó esta mente macabra?
Para los especialistas en criminología es muy difícil descifrarlo, pues Dahmer rompió los parámetros establecidos: nació y creció en un hogar funcional, con papá y mamá. Tenía una familia ‘normal’. Era amado por sus padres, aunque su madre siempre padeció adicción a los barbitúricos.
Iba a la escuela y jugaba con sus amigos. Pero sería, especulan algunos estudiosos de su biografía, el foco de atención que robaba su madre por su enfermedad lo que despertaría la sensación de abandono que luego utilizaría como excusa para cometer sus crímenes más atroces.
Hay un hecho que sus biógrafos consideran determinante: fue en su niñez cuando junto a su padre diseccionaron un animal muerto. Fue tal la fascinación de Dahmer por esta actividad que, desde entonces y hasta su adolescencia, se dedicó a coleccionar animales para luego desmembrarlos, les arrancaba los intestinos, el corazón y los guardaba en soluciones salinas.
Esto sería el primer paso para que años después lo hiciera con personas. En la escuela, a los 12 o 13 años, se convirtió en alcohólico. Y ya para entonces era un antisocial, una persona ensimismada, que de vez en cuando llamaba la atención por algunas ocurrencias ‘graciosas’.
Antes de su graduación sus padres se separaron, un detonante en su vida que alimentaría esa autopercepción de ser rechazado, abandonado. Nunca fue un buen alumno. Ingresó a la Universidad de Ohio y fue expulsado por sus faltas y su bajo rendimiento. Entonces su padre lo envió al ejército, de donde también fue expulsado. Muchos años después se revelaría que allí había drogado y violado a varios soldados.
Para eso, a los 16 años ya había descubierto su homosexualidad. A los 18 años cometería su primer crimen, cuando convenció a un hombre de subirse a su carro y lo llevó a tomar cervezas a su casa. Entonces lo golpeó en la cabeza hasta matarlo.
Al contar sobre este delito, Dahmer aseguró que se sintió harto porque su víctima estaba ansioso por irse, por abandonarlo, por dejarlo. Su modus operandi era ir a discotecas gays, ligar con algún hombre y llevarlo a su casa.
Los convencía diciendo que quería tomarles fotos y les pagaría por ese favor. Allí los dopaba, los asesinaba, los descuartizaba y muchas veces se masturbaba sobre los cadáveres o los violaba. En su refrigeradora guardaba órganos como el corazón. También cabezas. Para deshacerse del resto usaba un barril con ácido.
En 1991 fue sentenciado a 15 cadenas perpetuas consecutivas. Dos años después murió golpeado por un compañero de celda. Sobre su vida se han escrito libros, filmado series, documentales, películas, y hasta se han grabado canciones como ‘213’ de Slayer.
Pero gracias Netflix esta biografía, protagonizada loablemente por Evan Peters, se popularizó en cada rincón del mundo. Apago el televisor.
Comentarios 0