Cuando escribí esta columna, los resultados de la ONPE aún se encontraban al 93 %, con más de 6 mil mesas por contabilizar en la Amazonía, el extranjero, Lima y el sur andino. Nuevamente nos encontramos ante un final de fotografía, donde el ganador o la ganadora lo hará por un margen reducido de votos.

¿Realmente se trata de un país polarizado o de la incapacidad de los dirigentes políticos para interpretar las necesidades de los peruanos en toda la extensión del territorio nacional? Válidamente podemos preguntarnos si el voto andino realmente constituye un voto antisistema. Y también vale la pena preguntarnos: ¿frente a qué sistema se oponen?

Pues bien, el sistema en el que el Estado prácticamente no existe no responde exclusivamente a una responsabilidad del Gobierno central. Esa ausencia se reproduce y atomiza en todo el territorio nacional a través de las autoridades locales y regionales que también forman parte del aparato estatal. ¿Gobierna únicamente el Poder Ejecutivo o lo hace conjuntamente con los gobiernos regionales y locales?

Esa incapacidad de comprender las necesidades regionales y, además, de entender los verdaderos problemas de recursos, capacidades y gestión que enfrentan los gobiernos subnacionales es clave para interpretar los resultados electorales de 2021 y 2026. Quien resulte elegido deberá tener claro que la base de cualquier programa de gobierno sostenible debe construirse desde las regiones y para las regiones.

Las reformas son indispensables para llevar servicios públicos oportunos, idóneos y de calidad a todos los peruanos. Pensar que ello puede lograrse manteniendo intacta la actual arquitectura institucional es, cuando menos, un ejercicio de ingenuidad. El desafío no es únicamente político; es también territorial, institucional y de gestión pública.

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